EN CARTELERA
ZODIACO
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Ernesto Diezmartínez GuzmánZodiaco (Zodiac, EU, 2007), el sexto largometraje del artesano siempre competente David Fincher es, junto con su obra mayor Se7en (1995), lo mejor que ha realizado este cineasta cuya filmografía ha cubierto buena parte de los géneros y las fórmulas más recurrentes en el Hollywood de los últimos tres lustros: el cine de asesinos seriales (Se7en), la ciencia ficción (Alien 3/1992), el thriller (El Juego/1997 y La Habitación del Pánico/2002) y hasta la reflexión meta-narrativa/meta-genérica (El Club de la Pelea/1999).
Así, más de una década después de haber explorado la psique del ficticio serial killer bíblico/moralista John Doe (Kevin Spacey) en Se7en, Fincher vuelve al terreno de los asesinos seriales con Zodiaco, un absorbente thriller en puntos suspensivos sobre un famoso criminal que asesinó por lo menos a cinco personas –sino es que más- en el San Francisco de fines de los 60. Como su lejano antecedente Jack el Destripador, “el asesino del Zodiaco” nunca fue capturado, su identidad sigue siendo un misterio y la actividad criminal que ejecutó estuvo marcada por el interés de los medios de comunicación de su época. Es más: al igual que Jack “the Ripper”, “el asesino del Zodiaco” mandó no sólo cartas a los periódicos en donde presumía de sus crímenes sino que, incluso, se atrevió a enviar por correo sendos “trofeos” sanguinolentos para demostrar su invulnerabilidad.
Basado en dos libros del cartonista vuelto obsesivo investigador del “caso Zodiaco” Robert Graysmith, Fincher nos entrega un laberíntico filme que trata más sobre la búsqueda de la verdad que de la verdad misma, siempre vaga, siempre difusa, siempre elusiva. Dicho de otra manera: en Zodiaco no conoceremos nunca la identidad del asesino -de hecho, el caso sigue oficialmente abierto aunque fue declarado “inactivo” por la policía de San Francisco en 2004-, por más que haya un sospechoso (extraordinario John Carroll Lynch) que tiene todos los elementos para ser el culpable (casi) perfecto, pero que de todas maneras no podrá ser nunca llevado a juicio.
En Zodiaco el protagonista verdadero no será, pues, el asesino sin rostro ni sus motivaciones –sabemos poco de ellas, a no ser la enfermiza búsqueda de fama- sino sus fallidos investigadores/cazadores: el detective de homicidios David Toschi (Mark Ruffalo), que llegaría a ser tan conocido que serviría de modelo para los policías fílmicos Frank Bullit y Harry Callahan de los seminales thrillers policiales Bullit (Yates, 1968) y Harry el Sucio (Siegel, 1971); el periodista de la fuente policial del diario “San Francisco Chronicle” Paul Avery (Robert Downey, Jr., ni mandado a hacer) que terminará despedido y alcoholizado por la frustración y el fracaso; y el tímido caricaturista –también del Chronicle- Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), un tímido nerd aficionado a las claves y acertijos que tratará de desentrañar por sí mismo el “caso Zodiaco” sin importar nada ni nadie, incluyendo su matrimonio con la pacientísima Melanie (Chloe Sevigny) o la relación con sus hijitos.
Aunque Fincher monta los asesinatos con un impresionante lujo de detalles –la secuencia inicial con una parejita adúltera baleada en un auto en cierto paradero solitario, el apuñalamiento de otra pareja a la orilla de un idílico lago a plena luz del día, el alevoso asesinato de un taxista nocturno-, la película está mucho más interesada en la rutina diaria de la investigación que dirige Toschi en la maraña de la burocracia legal/policial de los distintos condados en los que “el Zodiaco” ejecuta sus crímenes, en el competitivo y acezante ambiente periodístico en el que trabajan Graysmith y Avery, en la fiel crónica de una época y un ambiente culturales en los cuales “el Zodiaco” se instalaría como una indiscutida celebridad, con todo y película alusiva, pues el asesino de Harry el Sucio, la película, era precisamente un tal Scorpio, una versión apenas disfrazada del mismo “Zodiaco”.
Zodiaco representa un verdadero giro en la filmografía de Fincher: una película sobria, documental, serena –sólo con los violentos flashes ya descritos de las secuencias de los asesinatos-; con un estilo narrativo funcional y nada enfático; y con una utilización realmente pertinente de la más reciente tecnología cinematográfica, pues la película fue filmada (¿o grabada?) con una Viper –la cámara digital más avanzada- y luego las imágenes fueron tratadas –todas y cada una de ellas- como un archivo computacional. Dicho de otra manera, Zodiaco fue “almacenada” y luego editada en una computadora.
Más aún: la cinta, aunque no se note, está repleta de efectos visuales, pero la tecnología digital no fue usada aquí para hacer aparecer dinosaurios o dragones, sino para “revivir” el San Francisco de los sesenta/setenta, con el fin de dotar del mayor realismo posible a la precisa reconstrucción histórica de la película. He aquí para lo que deben servir los efectos especiales: para servir al cine, no servirse de él. Fincher, como buen cineasta, lo sabe.
Escala de Calificación
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