ESE CIERTO CINEZATOICHI
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Ernesto Diezmartínez GuzmánZatoichi (Ídem, Japón, 2003) es el décimo-primer largometraje del libérrimo autor fílmico Takeshi Kitano quien, con esta cinta, ha fundido extravagante pero brillantemente una saga nipona sobre un samurai ciego, referencias más que obvias al inolvidable clásico Los Siete Samuráis (Kurosawa, 1954), guiños al cine musical hollywoodense al estilo de Gene Kelly y una serie de apuntes melodramáticos y cómicos que le dan más sabor a su caldo oriental.
La trama –escrita por el propio Kitano sobre el protagonista de una serie de novelas populares de Kan Shimosawa- gira sobre un legendario samurai (¡y masajista!) ciego, el Zatoichi del título (Kitano divirtiéndose como enano), quien llega a un pequeño pueblo sólo para involucrarse, sin querer, en el centro de una disputa mortal entre dos bandas, y para ayudar -ahora sí queriendo- a dos jóvenes (un muchacho y una muchacha disfrazados de geishas) a vengar la muerte de su familia, sucedida diez años atrás.
Zatoichi, el personaje, es una popular figura de la literatura y del cine de samurais (en la Internet Movie Database se listan más de 20 cintas sobre el espadachín jugador e invidente), así que Zatoichi, la película, parte de una premisa bien conocida en aquellos lares orientales (y en los occidentales que son fanáticos de este tipo de cine). En este sentido, la cinta no tiene mayores novedades: dirigiendo con una irrebatible pericia las escenas de acción (mutilaciones y salpicaduras de sangre incluidas), Kitano nos ofrece una emocionante película de samuráis que, por supuesto, está muy por encima de las recientes versiones hollywoodenses/tarantinescas y pastiches que las acompañan.
Si el filme no fuera más que eso –una buena historia de violencia y venganza a sablazo limpio- Zatoichi ya merecería nuestro interés por la impecable ejecución de todo el asunto. Pero he aquí que el filme es, también, y por una razón no discernible, un encendido homenaje al cine musical hollywoodense clásico, en específico, al dirigido por Gene Kelly. En efecto, desde las primeras secuencias –en donde los ruidos que hace la gente del campo en su chamba cotidiana se funde con los acordes de la partitura de Keiichi Suzuki- hasta el apoteósico final -con un vigoroso número ¡de tap dance! en el que participan varios de los personajes-, Kitano demuestra la ¿irresponsable? libertad con la que filma.
¿Por qué insertar momentos musicales en una película de samuráis? Más bien: ¿por qué no?, parece decir Kitano, quien saquea la idea de Gene Kelly (Un Día en Nueva York/1949, Cantando Bajo la Lluvia/1952, Hello, Dolly!/1969) de fusionar la música y la danza con las acciones cotidianas para proponer una coreografía asida a lo vulgar, a lo callejero, a lo realista. El resultado es de una originalidad pasmosa: un ultra-violento filme de samuráis con secuencias musicales y con efectivas sub-tramas trágicas (los hermanos prostituidos en busca de venganza) y cómicas (el amigo de Zatoichi con sempiterna mala suerte) que no permiten un solo instante de aburrimiento.
ESE CIERTO CINEEscala de Calificación
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