EN CARTELERA

EL SOL DE CADA MAÑANA
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
No es extraño que El Sol de Cada Mañana (The Weather Man, EU, 2005) haya sido olímpicamente ignorada en la pasada temporada de premios hollywoodenses. ¿El honesto e inteligente guión original de Steve Conrad?: ni una nominación, por ser, acaso, genuinamente depresivo. ¿Y la disciplinada dirección de Gore Verbinski o la perfecta paleta grisácea del cinefotógrafo Phedon Papamichael?: ni una nominación, por no ser, acaso, lo suficientemente espectaculares. ¿Pero ni siquiera el extraordinario trabajo de Michael Caine?: no, nada de nominación porque, acaso, Sir Michael Caine nos tiene demasiado acostumbrados a esta clase de actuaciones.

 El más reciente largometraje del cada vez más versátil artesano Gore Verbinski es el deprimente acercamiento a la vida de un meteorólogo de Chicago que, si exceptuamos su exitoso trabajo televisivo, todo lo que hace o dice no hace más que hundirlo más en el fracaso. Robert (Nicolas Cage con una perpetua cara de sope) está divorciado y no puede hablar un minuto con su exesposa (Hope Davis) sin gritar la palabra “fuck”, tiene una hija adolescente obesa (Gemmenne de la Pena) que fuma a escondidas, otro hijo (Nicholas Hoult) en rehabilitación y vigilancia por parte de un maestro/tutor y, finalmente, un respetado papá (Mr. Caine) que, además de ser un famoso escritor, siempre le está repitiendo que madure, que crezca, que haga algo con su vida. Para acabarla, Robert no puede caminar una cuadra por Chicago sin que alguien le aviente un plato de nachos, un chocomilk o un refresco. Es mas: ya ni siquiera le extraña este tipo de abusos.

 El guión de Steve Conrad no hace ninguna concesión. Aunque no hay novedad alguna en esta historia de un hombre de mediana edad en plena crisis existencial –al modo de la canónica cinta de la última década, Belleza Americana (Mendes, 1999)-, El Sol de Cada Mañana va más lejos que aquella muy oscareable película. Después de todo, a diferencia del personaje de Kevin Spacey, el de Nicolas Cage no tiene una sola cualidad con la que pueda redimirse. Robert no es un imbécil y es capaz de la más precisa y cruel introspección, pero es tan egoísta y encerrado en sí mismo que no puede escapar de sus propias limitaciones. Cuando mucho –y esto es lo más cercano a una epifanía que vive el personaje- puede llegar a darse cuenta de lo que es y aceptarse como tal.

 Acaso por todo ello la cinta pasó con más pena que gloria en el país vecino: la historia de Robert, visual y dramáticamente hablando, es sofocante. Sólo cuando se reconcilia con su propia mediocridad, uno puede empezar a respirar libremente. Con este discurso es difícil ganar un Oscar.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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