EN CARTELERA
BON VOYAGE
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Ernesto Diezmartínez GuzmánParís, 1940, poco antes de la caída francesa ante los nazis. La bellísima pero superficial actriz Viviane Denvers (la casi cincuentona Isabelle Adjani viéndose como hija de ella misma) logra que su platónico amante de toda la vida, el escritor Frédérique Auger (Grégori Derangere), le ayude a desaparecer el cadáver de alguien que se mató “por accidente”. Frédérique accede pero en el intento es capturado por la policía, quien lo envía a prisión, aunque no por mucho tiempo: unos meses después, en plena invasión nazi, el aprendiz de novelista logra escapar de la cárcel rumbo a Bourdeaux, en donde se encontrará a Viviane, cohabitando con Beaufort (Gérard Depardieu, en plena forma y con 20 kilos menos), un encumbrado político del gobierno colaboracionista. Ahí, en las atestadas calles y en los elegantes hoteles de esa ciudad, Frédérique irá tras Viviane mientras una joven científica llamada Camille (Virginie Ledoyen) irá tras Frédérique, Viviane tratará de que Beaufort no se dé cuenta de nada y éste luchará por escalar posiciones en el naciente régimen traicionero de Vichy… Así, mientras Francia se está cayendo a pedazos, este pequeño grupo de personajes no piensan más que en sí mismos, en su ambición, en el sexo y en el amor: ¡estos franceses!
Bon Voyage (Ídem, Francia, 2003) es una deliciosa farsa dirigida por el veteranísimo Jean-Paul Rappeneau, bien conocido por la celebrada Cyrano de Bergerac (1990). Nominada a una decena de césares (ganó los de Mejor Fotografía, Mejor Diseño de Producción y Mejor Nuevo Actor: Derangere), Bon Voyage es una muy ingeniosa y divertida sátira de la tontería y vacuidad humanas en medio de la tragedia. Así, lo que podría haber sido un emocionante thriller, un sobrio melodrama o un acucioso filme histórico, aparece desde el inicio como una regocijante comedia sostenida en su notable reparto y en la desarmante seguridad de Rappeneau detrás de cámaras.
Adjani y Depardieu se muestran como unos auténticos maestros de la farsa. Encarnan a dos seres egoístas, ambiciosos, innobles… y, por lo mismo, inevitablemente humanos. Ellos saben que deben caricaturizar a sus villanos pero no exagerar mucho. Es una cuestión de calibrar los niveles de interpretación: Viviane y Beaufort tren consigo sus propias máscaras (la primera la del glamour, el segundo el de la respetabilidad), así que los actores deben llevar otra máscara encima: una actuación encima de otra actuación. Por otra parte, Derangere es un auténtico descubrimiento: con la apostura de impoluto héroe de matinée, tiene una mirada pazguata y una rigidez física que nos remite al Cary Grant de La Fiera de Mi Niña (Hawks, 1938): una inspirada interpretación romántico/cómica.
Y, por supuesto, Rappeneau confirma que a su septuagenaria edad no suda ni se acongoja manejando un reparto de estrellas de tal calibre y coordinando esta impresionante producción que no sólo nos envía a una impecable Francia de hace 60 años, sino a un escenario en donde cada auto, cada vestido, cada traje, cada cortina, cada cuchara, cada silla, cada sombrero, es arrebatadoramente bello.
Rappeneau inició su carrera como cineasta al mismo tiempo que sus discutidos colegas “nuevaoleros” (Chabrol, Truffaut, Godard, Rohmer) pero, a diferencia de aquellos renovadores ya desaparecidos y/o envejecidos, a Rappeneau siempre le interesó el simple, sencillo y bien hechecito “cine de papá”. A su manera, él también ha trascendido aquel vilipendiado cine académico: aunque años luz de la profundidad y humanidad de La Regla del Juego (1939) de Renoir, Bon Voyage puede afirmar que es su lejana, modesta y muy entretenida descendencia.
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
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