EL CINE QUE NO VIMOS
LAS VIRGENES SUICIDAS
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Ernesto Diezmartínez GuzmánEstrenada en Estados Unidos a principios del 2000, disponible en DVD de Región 4 y exhibida de vez en cuando en la televisión de paga, Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides, EU, 1999), la magnífica “opera prima” de Sofía Coppola, nunca fue estrenada comercialmente en México.La primera película dirigida por la hija menor del imprescindible cineasta Francis Ford Coppola es una fascinante, sugerente y desconcertante obra que muestra que la fallida exactriz de El Padrino III tiene algo del talento que alguna vez ostentó su padre, aunque no se note ninguna influencia de él. Para aclararlo de una vez: si Coppola el padre es espectacular (como en Apocalipsis), Coppola la hija es anticlimática; si Coppola padre es operático (los tres Padrinos), Coppola hija es sobria; si Coppola padre se regodea en sus impresionantes imágenes ultraestilizadas (Drácula de Bram Stoker), Coppola hija opta por un manejo delicado y casual de la cámara en mano; si Coppola como narrador no deja un cabo suelto y sus resoluciones dramáticas son legendarias (los finales de El Padrino I y II), Coppola hija opta por una historia llena de ambigüedades que se niega, en todo momento, a dar una explicación “racional” de lo que hemos visto.
Las Vírgenes Suicidas está basada en una novela de Jeffrey Eugenides –adaptada, por cierto, por la misma Coppola—que narra, desde varios puntos de vista, el inexplicable suicidio de cinco hermanas adolescentes: Lux, Mary, Cecilia, Therese y Bonnie Lisbon. En el filme, las múltiples voces narrativas se han reducido a una sola: se trata de uno de varios muchachos que estuvieron perdidamente enamorados/fascinados/embrujados por ellas y que al paso del tiempo se ha convertido en escritor. Así pues, 25 años después de la tragedia, el narrador (Giovanni Ribisi), como inútil manera de exorcizar el recuerdo de las muchachas, se da a la tarea de dilucidar las razones del suicidio masivo.
Por supuesto, no estamos ante un típico who’d unit. Es decir, Coppola nunca trata de explicar el porqué de una tragedia a todas luces inexplicable, aunque algunos podrían alegar que todo se debe a las neurosis posesivas de la señora Lisbon (espléndida Kathleen Turner), quien decide encerrar ripstenianamente a sus hijas después que Cecilia (Hanna Hall) se suicida en una fiesta organizada en su propia casa y que Lux (bellísima Kirsten Dunst) no va a dormir a su hogar en cierta noche.
De hecho, la película explícitamente rechaza cualquier explicación racionalmente “freudiana” al construir el personaje del psicólogo juvenil (Danny DeVito) como una caricatura o al colocar en la boca de la suicida Cecilia una respuesta demoledora: “por supuesto, doctor, usted nunca ha sido una muchacha de 13 años”.
Estamos, pues, ante un filme interesado en capturar imágenes dispersas: sonrisas, miradas y guiños de unas muchachas convertidas en obsesión masculina; las buñuelianas uñas pintadas de una adolescente que descansan sobre una mesa; el fantasma de una de las muertas apareciéndose en la rama de un árbol sin que el filme se digne a explicar de qué se trata; la apoteósica fiesta adolescente donde Lux es coronada reina; el brutal despertar de ella, desflorada y abandonada por su galancete de quinta (Josh Hartnett) en la mitad del estadio de fútbol. Como es claro desde un inicio, Coppola se ha puesto de lado de su narrador masculino y asiste con el mismo asombro y similar fascinación a ser testigo de la vida y la muerte de las Lisbon.
La hija del otrora gran Francis ha realizado, pues, un filme que deja muchas preguntas en el aire y ni una sola respuesta. Una película que deja entera libertad para crear múltiples lecturas paralelas y nunca excluyentes: ¿perverso cuento de hadas con cinco princesas prisioneras que deciden dormir para siempre?, ¿crónica de la juventud desperdiciada de cinco niñas o crónica de la obsesión de un grupo de muchachos convertidos en adultos infelices?, ¿expiación fílmica de Sofía por haber perdido hace 14 años a su hermano mayor Gian-Carlo en un accidente automovilístico? Quién sabe: tome la explicación que quiera o construya la suya propia.
Coppola hija ha encontrado, al parecer, su última vocación: después de ser una fallida guionista y diseñadora de vestuario (La vida sin Zoe, blando corto dirigido por papi en Historias de Nueva York), fue luego cruelmente criticada por su olvidable actuación en El Padrino III y luego pasó varios años en un virtual purgatorio, estudiando fotografía, diseñando su propia línea de ropa y experimentando en la realización fílmica con algún cortometraje desconocido –por lo menos en México. Pero en Las Vírgenes vemos a una cineasta segura y sobria, sin pretensiones exageradas y con una magnífica mano con sus actores (¡esa interpretación increíble de James Woods como el padre cero-a-la-izquierda de las Lisbon!). Sin duda, Sofia es, en este momento, una mejor cineasta que lo que ha sido su padre en los últimos años. Y luego vendría Perdidos en Tokio…
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