HASTA EL VIENTO TIENE MIEDO ![]()
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CINE NACIONAL
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Ernesto Diezmartínez GuzmánHasta el Viento Tiene Miedo (1967) no es la mejor película –por lo menos en mi opinión- del prolífico guionista/cineasta Carlos Enrique Taboada, uno de los pocos auténticos especialistas en el cine de horror que puede presumir el cine industrial mexicano. Y aunque yo prefiero, con mucho, El Libro de Piedra (1969), que me parece mucho más redondo, es innegable que el citado filme de 1967 se ha ganado a pulso su estatus de cult-movie nacional, en gran medida por una trama llena de sugerencias en donde se deja entrever un trágico triángulo lésbico entre una estudiante que se suicidó (Pamela Susan Hall) -y que ahora pena como fantasma vengadora-, una amable maestra buena-onda (Maricruz Olivier) y la rígida directora (formidable Marga López) de cierto internado femenino.
Por desgracia, es precisamente esa ausencia de ambigüedad uno de los problemas mayores del fallido remake Hasta el Viento Tiene Miedo (México, 2007), dirigido por el buen camarada y excompañero cinecrítico del REFORMA Gustavo Moheno. Y es que, al hacer explícito el triángulo amoroso ya descrito, se echó en el caño toda la riqueza de la trama escrita originalmente por Taboada. No fue mala idea, es cierto, ambientar la historia en un hospital/internado para incorregibles Niñas Mal (Sariñana, 2007) en el que la nueva Claudia (Martha Higareda) es enviada por su mamá (la Claudia de 1967, Alicia Bonet) debido a un par de intentos de suicidio. Ahí se encontrará con otras adolescentes en similares circunstancias (drogadicción, mal comportamiento, anorexia/bulimia, you name it) y con un fantasmín (nada) amigable, que busca, ya lo sabemos, la venganza.
Desconozco si los problemas que tuvo el cineasta debutante Moheno con sus productores fueron tan grandes como se dice, pero sólo así se puede explicar los notables problemas de un guión –y una edición- que sugiere algunos temas (las imaginarias conversaciones telefónicas de la directora del hospital, por ejemplo) para luego olvidarlos por completo. En otras secuencias, es evidente que faltaron algunas escenas que sirvieran de hilo conductor en una parte de la trama: el montaje se siente trastabillante, inconsistente.
Y, por si fuera poco, ninguna de las actuaciones –a no ser la de Danny Perea- le llega a los talones a sus similares de la primera cinta. Higareda, con todo, no sale tan mal librada como Monica Dionne en el papel de Lucía o Verónica Langer como una Bernarda más torpona que siniestra. El trabajo de la señora Langer es el último clavo en el ataúd de este fallido remake: mientras Marga López produce respeto, miedo, admiración, Langer no provoca más que la más completa indiferencia.
Una última reflexión: pensé mucho en publicar o no mi opinión –que es nada más eso: una opinión- acerca del debut fílmico de Gustavo Moheno. Aunque no puedo presumir de tener una amistad con él, lo cierto es que por años compartí con Gustavo las páginas del suplemento Primera Fila del diario REFORMA y, por lo mismo, siempre lo he visto como un auténtico camarada. Así que no me hace nada de gracia el hecho de que su primera película no me haya gustado y que tenga, además, que decirlo. Y publicarlo.
En sus muy divertidas memorias “El Cine es Mejor que la Vida” (Editorial Cal y Arena, 1990), Emilio García Riera cuenta que, en alguna ocasión, vio Distinto Amanecer (1943) al lado del director de esta cinta, el gran Julio Bracho. La película no le gustó y se lo dijo en su cara. “Más que sincero”, escribió García Riera, “me sentí maleducado”. Yo también me siento así en este momento.
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