EL CINE QUE NO VIMOS
MUERTE EN PARIS
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Ernesto Diezmartínez GuzmánLa película inicia en París, a inicios del siglo XIX. El más que robusto Gérard Depardieu se enfrenta a golpes, patadas y machincuepas a un misterioso enmascarado. El de la máscara en forma de espejo logra llevar a Depardieu al borde de un pozo de donde salen terribles lengüetadas de fuego. Depardieu, a punto de morir, pide ver la cara de su verdugo. Después, se deja caer al abismo y el prólogo de Muerte en París (Vidocq, Francia, 2001) ha finalizado: el protagonista del filme ha muerto a los cinco minutos de iniciada la acción.
Luego, en una espléndida secuencia de créditos, conocemos la historia de Vidocq (Depardieu), un famoso ladrón que logró escapar de la cárcel para luego convertirse en exitoso jefe de la policía de París y, finalmente, en un detective privado que compartía su oficina con su compañero Nimier (Moussa Maaskri). Los créditos finalizan con la noticia de la muerte de Vidcoq, atestiguada por nosotros hace unos minutos.El inicio de Muerte en París es notable. El enfrentamiento entre el gordazo Depardieu y el susodicho enmascarado (al que luego conoceremos como El Alquimista) está resuelta como si hubiera salido de una película de acción hongkonesa-hollywoodense y la mencionada secuencia de créditos nos lleva de la mano no sólo a conocer a Vidocq, sino que nos deja ávidos de saber más de él.
Cortes rápidos, movimiento incesante de la cámara, encuadres que nos remiten a un cómic gótico americano (a Batman, específicamente). “De seguro esta película está basada en algún cómic francés”, piensa uno desde su asiento, y después: “Esto es lo que debió haber sido la fallida Desde el Infierno (2001)”. Sin embargo, al hacer algo la tarea, descubro que la opera prima de Jean-Christophe Comar –quien firma sus trabajos como Pitof--, no es, para nada, un cómic llevado al cine. Sucede que Vidocq sí existió, sí fue un delincuente, sí fue jefe de la policía en París y sí fue, además, uno de los primeros detectives privados de la historia –de hecho, al parecer, el propio Conan Doyle tomó algunos elementos del auténtico Vicoq para crear a su célebre Sherlock Holmes. Incluso, Vidocq ha merecido ya varias películas –una de ellas hollywoodense—y hasta una popular serie de televisión francesa que llegó a durar varios años. Dicho de otra manera, Vidocq es novedad sólo para los ignorantes –como un servidor.
En todo caso, no se necesita tener demasiados antecedentes del personaje para disfrutar de una película inteligente y entretenida, dirigida con fuerza por el debutante Pitof, responsable de los efectos especiales de algunos de los más ambiciosos filmes galos de los 90 y excolaborador de Jean-Pierre Jeunet en La Ciudad de los Niños Perdidos (1995) y Alien: Resurrección (1997). La historia se desarrolla en sucesivos flash-backs, cuando el periodista provinciano y “biógrafo oficial” de Vidocq, Ettienne (Guillaume Canet), inicia por su cuenta la investigación de la muerte del detective. Al parecer, Vidocq se había topado con El Alquimista al investigar el asesinato de tres personas ejecutadas mediante ¡un rayo! En primera instancia, el caso parece político –la Francia de 1830 estaba a punto del colapso social—pero luego Vidocq descubre que, tal vez, la razón de las muertes esconde algo todavía más siniestro.
Muerte en París pasó a la historia como la primera película digital estrenada comercialmente. La cinta fue realizada con una cámara Sony High Definition –la misma que se usó en Episodio 2 (2002)—y se presentó en Francia y Bélgica en septiembre de 2001, meses antes del filme de Lucas. De cualquier forma, la curiosidad no es la única razón para ver sin falta la película. Pitof ha dirigido y escrito una muy atractiva mezcla de thriller, whod’unit, horror y action-movie que no decae un solo instante. Es cierto que el desenlace es algo tramposo –en el estilo clásico de un misterio a la Ágata Christie como El Asesinato de Roger Ackroyd (1926)—y que la lógica del relato se tambalea en más de una ocasión, pero el debutante Pitof sabe cómo hacer olvidar esas inconsistencias gracias a su atractivo estilo visual que le debe mucho a la estética postmoderna del cómic y sus mejores adaptaciones fílmicas debidas a Romero (Macabras Historias de Horror, 1982) y Burton (Batman, 1989). No por nada, la Warner Brothers le encargó a Pitof la dirección de Gatúbela (2004) que, por desgracia, resultó ser un churrazo.
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Muerte en París nunca se estrenó comercialmente en México aunque está disponible en DVD de Región 4 y se exhibe de vez en cuando en la tele de paga.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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