EN CARTELERA

VENUS
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
El teórico fílmico David Bordwell ha propuesto cinco formas básicas de interpretar el llamado séptimo arte, más complementarias que mutuamente excluyentes: el cine como propuesta fotográfica, narrativa, pictórica, audiovisual y, finalmente, interpretativa o “performing art”. De todas, la más difícil de asir es la última: el arte de estar frente a la cámara y encarnar un personaje con todo y sus deseos, sueños, virtudes, defectos y motivaciones.

 De hecho, nos recuerda Bordwell, abundan las teorías sobre el valor narrativo/fotográfico/dramático del montaje, el encuadre, el sonido o la música, pero no sucede lo mismo con el trabajo de los actores. Claro, sabemos mucho de ellos, conocemos su vida privada y hasta sexual, hurgamos en sus anécdotas dentro y fuera de la pantalla, pero ¿qué hace a alguien ser amado por la cámara? ¿Quién o qué convirtió en iconos irremplazables a Bogart, Marilyn o Pedrito? ¿Es la mera fotogenia captada por el lente, es una mirada de la que no podemos despegar la vista, es el ronroneo de una voz o la nasalidad de otra? He ahí el elusivo misterio de presencias fílmicas como, digamos, Cary Grant, Vivien Leigh, Marlon Brando, Audrey Hepburn o, ya para aterrizar, Peter O’Toole.

 El único protagonista posible de Venus (Ídem, GB, 2006) –la cinta no podría haber funcionado sin él-, O’Toole sigue siendo, a sus 74 años de edad, el más grande actor británico de su generación: aun con su pelo desordenado, el caminar tambaleante, la voz desfallecida, la carne flácida y todo él surcado de arrugas, todavía domina cada escena en el momento en el que aparece. Su Maurice –un viejo actor más o menos famoso que sobrevive en el Londres contemporáneo interpretando agonizantes- podrá estar a punto de colgar los tenis, pero el deseo de vivir y de gozar la vida no está nunca en duda: Maurice es todo lo anciano que usted quiera, pero yo no dejaría a nadie con faldas y la suficiente edad alrededor de él.

 Sobre un argumento original del provocador sexual/racial por vocación Hanif Kureishi, Venus está dirigida de manera limpia, sencilla, por el ascendente Roger Michell (mona comedia romántica Un Lugar Llamado Notting Hill/1999, pasable drama urbano Fuera de Control/2002, soberbio melodrama fassbinderiano The Mother/2003, interesante thriller psicológico El Intruso/2004, disponible sólo en DVD). Es claro que el cineasta está ahí –como nosotros en la butaca- para homenajear a O’Toole en un papel que, sin ser autobiográfico, es una suerte de extrapolación de su desordenada vida romántica, sus excesos alcohólicos y su ingobernable temperamento.

 El Maurice de O’Toole es un lascivo y hedonista Profesor Higgins que, además de educar a su jovencita y carnosita Elizabeth Doolittle –la sobrina nieta de un compañero- quiere algo más sustancioso y palpable… en más de un sentido. No se trata de sexo –eso ya es imposible-, pero de lo más parecido a ello: el anciano quiere estar junto a ella para decirle “cochinadas”, intercambiar un par de besos en el cuello por la compra de unos aretes, oler su cabello recién lavado y su… Bueno, usted ya se lo imagina.

 Que la película se mantenga al filo sin caer nunca en lo grotesco se debe, por supuesto, a la complejidad de los personajes creados por Kureishi (O’Toole y la debutante Jodie Whittaker son tan atrayentes como repulsivos, aunque por diferentes razones) y, en especial, a la cansada pero aún vital mirada lujuriosa de Peter O’Toole. Es en esos azulísimos y penetrantes ojos, es en esa media sonrisa amarga y sardónica, que O’Toole sigue conservando el misterio de lo que es ser un gran actor. El misterio de ser amado por la cámara.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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