EN CARTELERA
AL OTRO LADO DEL MUNDO
(***)
Ernesto Diezmartínez GuzmánDurante mucho tiempo y dentro de algunos círculos de análisis fílmico, hacer el “cine de papá” era denigrante. De hecho, la “nueva ola francesa”, uno de los más famosos movimientos de revitalización del arte cinematográfico, expresó su rebeldía ridiculizando este tipo de cine: el llamado de manera despectiva “académico”, impecablemente realizado en el aspecto técnico, protagonizado por refulgentes estrellas y basado en historias obtenidas de la literatura o el teatro.
La posición de esos rebeldes galos –Truffaut, Chabrol, Godard y compañía- era tomar la cámara en el hombro, olvidarse de las tramas canónicas, voltear a ver el ruido de la calle e, incluso, descuidarse calculadoramente para evitar hacer un cine demasiado pulido. Por supuesto, con el paso de los años, esos jóvenes desafiantes se transformarían en los nuevos clásicos y terminarían dirigiendo –con la excepción clave del eterno enfant terrible Godard- el cine que ellos mismos habían combatido y desdeñado. Ah, la misma historia de siempre: los viejos que se convirtieron en aquello que combatieron de jóvenes. En fin.
Esto me vino a la memoria al ver Al Otro Lado del Mundo (The Painted Veil, EU-China, 2006), uno de los mejores ejemplos que he visto en los últimos años del llamado “cine de papá”. Y es que, ¿sabe usted una cosa?: con todo y su academicismo preciosista y convencional, prefiero estas películas “paternales” que 300 (Snyder, 2007) churros dizque muy novedosos.
El tercer largometraje del ascendente John Curran (La Tentación/2004, reseñada en esta misma página web) cumple con todos los requisitos arriba mencionados: está basado en una novela de W. Somerset Maughan ya llevada al cine en por lo menos dos ocasiones (The Painted Veil/Boleslawski/1934, con Greta Garbo; y The Seventh Sin/Neame/1957, con Eleanor Parker), está realizada brillantemente con todos los recursos de producción en su sitio y está protagonizada por dos auténticas estrellas (Naomi Watts y Edward Norton) que, además, fungen como co-productores del filme.
Shanghai, 1925. El serio bacteriólogo inglés Walter Fane (Norton) llega a trabajar a China acompañado por su esposa Kitty (Watts), una guapísima socialité con la que se casó sin que ella estuviera realmente enamorada. Aburrida de la seca personalidad de su marido, Kitty inicia un affaire con el vicecónsul británico Charlie Townsend (Liev Schreiber, perfectamente detestable), pero cuando Walter se da cuenta de la situación, toma cartas radicales en el asunto: se lleva a Kitty a una pequeña población del interior de China en donde hay una epidemia de cólera morbo. Por supuesto, él va a investigar el mortal brote, pero también a vengarse torcidamente de su infiel esposa, acercándola a una muy probable muerte por deshidratación, que es de lo que fallecen los infectados de cólera.
Es claro por qué Norton y Watts accedieron no sólo a aparecer en este filme sino, incluso, a co-producirlo: estamos ante un melodrama de la vieja escuela en donde los dos lucen encarnando a un matrimonio sin amor, en una trama en donde hay un viaje a un lugar lejano y exótico, un tormentoso triángulo amoroso, reproches y pleitos varios, y un desenlace sentimental pero justo que no contaré aquí por elemental ética profesional.
Curran, por su lado, hace un trabajo notable dirigiendo a sus dos estrellas y más aún al lograr imprimirle a la película un estilo visual que encaja a la perfección con la historia: a través de la cámara de Stuart Dryburgh, Curran utiliza los elementos más sencillos del lenguaje fílmico (la posición de los personajes dentro del encuadre o el cambio de foco en una escena, por ejemplo) para transmitir la separación amorosa de los Fane.
Más todavía: como en casi toda “película de papá” que se precie de serla, además de las estrellas de rigor, siempre hay espacio para que los actores secundarios brillen por derecho propio. Aquí lo hacen el chaparrín Toby Jones en el papel de un burócrata curtido en la cultura y sociedad chinas, y la inolvidable Diana Rigg (la Emma Peel de la teleserie británica Los Vengadores/1961-1969) que interpreta a una monja claridosa, inteligente y más bien escéptica, que hace su trabajo de manera decidida por más que sabe que su indiferente marido (o sea Dios) ni siquiera la pela. Sólo por el monólogo de Rigg valdría la pena ver esta cinta.
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com