EN CARTELERA
UNA VEZ QUE NACES
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Ernesto Diezmartínez GuzmánExhibida hace un año en el Giro de Cine Italiano en México, volvió a las salas capitalinas Una Vez que Naces (Quando Sei Nato, Non Puoi Piu Nasconderti, Italia-Francia-GB, 2005), la más reciente película del ascendente Marco Tullio Giordana, de quien conocemos la extraordinaria La Meglio Gioventú (2003), inédita comercialmente en México pero vista en la tele de paga y reseñada en este mismo sitio, en la sección “El Cine que No Vimos”.
Escrita por el propio Giordana con sus dos coguionistas de La Meglio…, Una Vez que Naces es un agotador melodrama familiar, social y de crecimiento juvenil, que no deja descansar al espectador uno solo de los casi 115 minutos de duración del filme. La trama inicia en la ciudad norteña de Brescia y está centrada en Sandro (notable Matteo Gadola), un niño de 10 años de edad, cuyos padres (Michela Cescon y Alesso Boni, el problemático Mateo de La Meglio…) son los dueños de una fábrica que emplea a decenas de inmigrantes provenientes de todo el mundo.
El primero de los muchos giros inesperados de la historia ocurre cuando su papá lleva de vacaciones a Sandro a cruzar el Mediterráneo en un velero. Mientras su padre y su tío revisan un mapa bajo cubierta, Sandro accidentalmente cae al mar. La desesperación, el llanto y hasta el delirio hacen presa del niño y, de pasada, del público, pues la eficaz fotografía de Roberto Forza -en su tercera colaboración con Giordana- hace que el apacible mar Mediterráneo parezca un azuloso, infinito, infierno. Cuando uno piensa que la cinta se convertirá, entonces, en una crónica de la supervivencia marítima de Sandro, éste es rescatado por un pequeño barco en donde viajan, de ilegales, decenas de inmigrantes africanos, asiáticos y del este europeo. Ahí, Sandro hará migas con dos rumanos: el jovencito Radu (Vlad Alexandru Toma) y su hermanita adolescente Alina (Ester Hazan). Y en ese momento, iniciará otro giro dramático en la cinta.
Usted disculpará la extensa sinopsis, pero créame: ni siquiera he contado la tercera parte de la película. Giordana y sus co-autores guardan muchas más sorpresas argumentales a lo largo del filme, de tal forma que Sandro enfrentará no sólo la difícil realidad inmigrante en el Primer Mundo europeo –ya atisbada por el niño en las calles de Brescia y en la propia fábrica de su papá- sino algo mucho más prosaico y universal: las heridas que provocan el propio crecimiento, la propia maduración. La venda cae de los ojos de Sandro y el mundo que empieza a ver es uno sórdido y deprimente. La película no cierra sino se extingue –acaso el único reproche que puede hacérsele- y esto sucede, acaso, porque termina igual de desconcertada que el propio Sandro.
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Escala de Calificación
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