EN CARTELERA

EL GRAN TRUCO
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
El Gran Truco (The Prestige, EU-GB, 2006), quinto largometraje del londinense hollywoodizado Christopher Nolan (de la inédita en México The Following/1998 al blockbuster Batman Inicia/2005 pasando por el neo-noir rompe-cocos Memento/2000 y el buen remake Insomnia/2002), comparte con El Ilusionista (Burger, 2006) una trama similar, centrada en el mundo de la magia y la prestidigitación, y la misma época emblemática: el paso del siglo XIX al XX, cuando la electricidad empezaba a iluminar ciudades enteras y el cine –ese otro irresistible producto mágico- iniciaba su popularización.

 La diferencia entre las dos cintas es de perspectiva. Si en El Ilusionista –en mi opinión, más interesante por sus ambiciones alegórico-políticas- vemos todos desde la perspectiva de un azorado miembro del público, que no entiende cómo ha desaparecido tal persona o cómo ha aparecido tal objeto, en El Gran Truco la narrativa sigue la visión de Dos Tipos de Cuidado (Rodríguez, 1953) –o, más bien, dos magos de cuidado- que buscan eliminarse uno al otro, sin importar lo que dañan a su paso: amantes, esposas, amigos o espectadores.

 Escrita por Nolan con su hermano Jonathan, sobre una novela de Christopher Priest, El Gran Truco nos ubica en el Londres de fines del siglo XIX, cuando una pareja de aprendices de magos, Robert Angier (Hugh Jackman) y Alfred Borden (Christian Bale), inician una mortal rivalidad cuando el segundo provoca, sin querer, la muerte de la esposa del primero. Sin embargo, muy pronto queda claro que el odio entre ambos no se debe tanto a la desgracia ya descrita, sino a la envidia que Angier siente por el segundo, pues sabe que Borden, aunque torpe en el manejo del escenario, es mucho mejor mago que él. Así, Angier saboteará los actos de Borden mientras éste hará lo propio con el primero, en una violenta escalada que causará bajas en ambos lados.

 Aunque la solución a los misterios planteados -¿cómo se realiza el acto de “El Hombre Transportado”?, ¿quién es el silencioso asistente de Borden?, ¿de verdad Angier está muerto?- se deja entrever hacia la última parte de la cinta, lo importante no es tanto la resolución de estos enigmas de magia (o de hechicería) sino la crónica de esa obsesión destructiva que lleva a estos dos hombres a destruirse mutuamente o a pagar un altísimo precio por “vivir el acto”. Es la obsesión, se entiende, de los más grandes científicos, de los más arriesgados artistas, pero también de los vengadores -como en Memento-, de los psicópatas y justicieros -como en Insomnia- o de los multimillonarios vestidos en traje de murciélago –como el oscuro Bruce Wayne de Batman Inicia.

 Nolan es, pues, un obsesivo obsesionado por sus personajes obsesivos. Y esa obsesión la transmite a sus espectadores que, aunque adivinemos el truco que viene a continuación, no podemos despegar los ojos de la pantalla. Y es que, como se dice repetidamente en la cinta, quien va a ver un truco de magia, quiere ser engañado. Si el engaño proviene de Nolan, agregaría yo, siempre será bienvenido.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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