ESE CIERTO CINE

TOY STORY 2
(****)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
En el momento de su estreno, los desbordados elogios de crítica y público ante Toy Story (1995), la primera cinta animada 100% por computadora y producida por la asociación entre la Casa Disney y Pixar, se dirigieron, sobre todo, hacia la calidad técnica de la animación. Es obvio porqué: si algo quitaba el aliento desde el principio de aquella cinta era el diseño de sus personajes, la perfecta puesta en imágenes del universo de los juguetes protagonistas, la movilidad de todos los objetos vistos en la pantalla. Sin embargo, poca gente -o, por lo menos, pocos críticos, en todo caso- se dieron a la tarea de analizar la historia, una excelente trama que funcionaba tanto en el nivel de una bien elaborada buddy-movie (léase infalible fórmula cómica de pareja/dispareja) como en el terreno de la franca alegoría de fin de siglo: la tecnología de punta (el autosuficiente Buzz Lightyear) que desplaza sin querer a lo premoderno y rupestre (el modesto vaquero de cuerdita Woody).

 Cuatro años después de Toy Story, el factor sorpresa con respecto a la animación por computadora ya había disminuido notablemente (recuérdese los alardes tecnológicos de HormiguitaZ y Bichos), así que Disney y Pixar tuvieron que trabajar con mayor cuidado el guión en la secuela, Toy Story 2 (Idem, EU, 1999). Esto fue, en definitiva, una ventaja. Y es que un gran filme de animación para niños (Bambi, Alicia en el País de las Maravillas, El Rey León, para mencionar, a bote pronto, tres favoritas personales) no es sólo -valga el aparente contrasentido- animación. Todo buen filme animado infantil trata, también, otros temas: sueños, pesadillas, deseos, fracasos, temores infantiles. La vida misma y sus dilemas, pues.

Y, por supuesto, Toy Story 2 no es la excepción: su trama gira en torno al secuestro de Woody, que cae en las manos de un desquiciado coleccionista llamado Al, quien coloca al cowboy junto a otros juguetes que resultan ser parte de la misma colección: la vaquerita Jesse, el caballo Tiro al Blanco y un buscador de oro, el capataz Stinky Pete. De hecho, Woody es el último juguete que le hacía falta a Al para vender toda la colección a cierto museo japonés. Así, mientras Woody se siente halagado por descubrir que es un carísimo objeto de colección, Buzz y los demás juguetes de Andy irán en su rescate.

La trama, pues, da la oportunidad de que Buzz, Woody, el dinosaurio Rex, el Señor Cara de Papá y los nuevos personajes -Jesse y compañía- vivan diversas aventuras, a la par que los mismos juguetes se dan a la tarea de reflexionar sobre su vida, el sentido de la misma, su relación con los niños y su papel como meros objetos de intercambio o admiración. Cual personajes dignos de Wittgenstein -pues están limitados al universo que conocen y no pueden imaginarse más que lo que son: juguetes-, Woody, Buzz y compañía tendrán que enfrentarse, pues, a su destino, y vivir, cual criaturas frágiles que son, las típicas crisis de identidad que todos tienen –tenemos- alguna vez en la vida.

Pero más allá de las lecturas pseudointelectuales de quien esto escribe, está el placer de una gran comedia infantil que se permite innumerables guiños para los espectadores adultos: la hilarante parodia de El Imperio Contraataca, el desternillante cameo de la muñeca Barbie y sus modales “nice” (“abróchense el cinturón, porfa”), la ingeniosa cita de Parque Jurásico, la imitación que hace Woody del andar de John Wayne, las tentaciones del Señor Cara de Papa ante una Barbie de muy buen ver (“¡Soy Papa casada, soy Papa casada!”) y, sobre todo, el apoteósico final, con el pingüino Wheeze cantando, a la Frank Sinatra, “Yo soy tu amigo fiel”. Por si hacía falta aclararlo, yo también soy amigo fiel de estos personajes. Confieso que cada vez que veo en la televisión, por accidente, Toy Story o ésta, su secuela, me es imposible cambiar de canal.



ESE CIERTO CINE

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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