EN CARTELERA

EL TÍTERE
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
En El Títere (Dead Silence, EU, 2006), segundo largometraje hollywoodense de James Wan -después del éxito crítico y económico de su Juego Macabro (2004) y sus secuelas más bien chafitas-, el joven cineasta malayo educado en Australia muestra ambiciones insospechadas. Me explico: la primera imagen que vemos en pantalla es el logo de la Universal Pictures, pero no el actual, sino el que aparecía en los clásicos de horror de los años 30 (Frankenstein/Whale/1931, Drácula/Browning/1931, La Momia/Freund/1932): en blanco y negro, con un mundo girando y un avioncito dándole vueltas. El mensaje es claro: aquí va una película que se convertirá en un hito en el cine de horror. Por desgracia, el rescate del arcaico logo de la Universal es lo más cercano a lo que llega Wan de poder compararse con aquellas cintas irrepetibles.

 Aunque realizada con innegable elegancia visual y con un espléndido diseño sonoro -una tetera, el viento, el tic-tac de un reloj o el goteo de un grifo se escuchan ominosos, amenazantes-, El Títere no se sostiene debido a su extraña premisa nunca bien explicada –el fantasma de una ventrílocua regresa a vengarse a través de sus maléficos muñecos y/o posesionándose de gente de carne y hueso- y porque, aceptémoslo, el asunto nunca llega a ser lo suficientemente sangriento como para provocar el más leve de los escalofríos.

 Además, el protagonista –un blandísimo Ryan Kwanten- es tan imbécil como para sospechar que un siniestro muñeco de ventrílocuo mató grotescamente a su esposa y, sin embargo, trae al susodicho muñeco a todas partes, en lugar de bañarlo con gasolina y echarle un cerillo. Ahora que lo pienso, eso es lo que se podría hacer con películas tan inútiles como ésta.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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