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EL TIGRE Y EL DRAGON
Ernesto Diezmartínez GuzmánNo nos debería haber sorprendido. Pero nos sorprendió. El séptimo y multioscareado largometraje del inclasificable director taiwanés Ang Lee, El Tigre y El Dragón (Crouching Tiger, Hidden Dragon/Wo Hu Zang Long, China-Taiwán-EU, 2000), resultó ser toda una sorpresa aún para los que nos consideramos asiduos seguidores de este extraordinario cineasta, no tan conocido como se debiera en México. Ante la espléndida edición en DVD de este filme, el análisis de la cinta y del disco se vuelve obligado.Hagamos historia: Ang Lee se dio a conocer con un trío de cintas “de cámara” sobre los diversos problemas familiares de un pequeño grupo de taiwaneses, sea en la lejana isla, sea en el cercano Estados Unidos. Estamos hablando de Pushing Hands (1992) –inédita en nuestro país--, El Banquete de Bodas (1993) y Comer, Beber y Amar (1994). Luego, vendría una sorprendente y sofisticada “sinfonía” ambientada en la Inglaterra edwardiana, Sensatez y Sentimiento (1995) y, después, en otro increíble cambio de piel, Lee nos ofrecería una fascinante obra contemporánea, The Ice Storm (1997) –para variar, nunca estrenada en México comercialmente. Más aún: cuando creíamos que habíamos visto ya todo, Lee cambia de tiempo, espacio y tono, y nos muestra una “polka” americana del siglo XIX, Paseo por el Diablo (1999), una fascinante cruza de western con cine histórico y melodrama de crecimiento y maduración. Y de plano, cuando ya se nos había olvidado que Ang Lee es de Taiwán y habla mandarín, El Tigre y el Dragón resultó ser una maravillosa “ópera china” tradicional, una visita a uno de los géneros chinos por excelencia, el wuxia-pian o, en buen castellano, el cine fantástico de artes marciales.
Es decir, El Tigre y el Dragón no es el típico cine de karatecas a la Bruce Lee o Jackie Chan, sino algo marcadamente distinto: un cine ambientado en la China de antaño en donde los guerreros y las guerreras luchan por su vida y por su honor, en donde las artes marciales son vistas como una disciplina a través de la cual el espíritu domina al cuerpo, en donde nuestros héroes vencen la gravedad y ejecutan actos imposibles frente a nuestros asombrados ojos.
El Tigre y el Dragón fue concebida por el propio Ang Lee como un homenaje al cine de artes marciales visto por él en su infancia y juventud, y su origen se puede trazar en el clásico Un Toque de Zen (1969), del veterano King Hu, maestro de la nueva generación de cineastas de acción orientales encabezados por John Woo y Ringo Lam. Sólo en este sentido, en el de la acción pura, la película es una maravilla: las varias escenas de pelea (la dos emocionantes luchas entre Jen/Zhang Ziyi y Shu/Michelle Yeoh, la hilarante bronca en el restaurante entre Jen y decenas de parroquianos, el bellísimo duelo final entre Li/Chow Yun Fat y Jen luchando –¿o cortejándose?—en las copas de altísimos bambúes) están perfectamente coreografiadas y la pelea inicial entre Jen y Shu, con las dos rivales, una joven y fogosa, la otra madura y sosegada, las dos volando por las terrazas, saltando entre casa y casa, caminando entre las paredes cual improbables gacelas voladoras, vale y con creces la compra del DVD.
Pero incluso en el interior de este impresionante filme de acción pura (¿o de ballet aéreo?), Lee no renuncia a definir con rigor, amor y pasión a sus personajes. El mismo cineasta lo ha dicho: “a menos que se use la acción como una extensión de los caracteres y las relaciones entre los personajes, el público no va a ser atrapado en historia”. En efecto, si bien es cierto que las escenas de acción son emocionantes por sí mismas, casi a un nivel puramente abstracto, la verdad es que están perfectamente conectadas con momentos dramáticos claves, con las relaciones entre los personajes, con la personalidad de cada uno de ellos. Así, la impetuosidad de Jen, la sabiduría cansada de Li o la devoción de Shu tienen su contraparte en la manera en la que pelean, en la que atacan, en la que se defienden. Y por si fuera poco, Lee se da tiempo, además, de trazar dos historias de amor paralelas y complementarias --la fogosa y desbocada de Lo (Chang Cheng) y Jen, la otoñal y delicada de Li y Shu—mientras explora con perspicacia un tema que nunca ha abandonado en toda su filmografía: el peso de la tradición y la familia en nuestras vidas.
El DVD de El Tigre y el Dragón no tiene desperdicio: además de la infaltable widescreen, el disco ofrece los comentarios en audio de Ang Lee y el guionista James Schamus, una conversación con Michelle Yeoh, el clásico documental alusivo a la cinta, las filmografías de todos los involucrados y las respectivas notas de producción. Un DVD más que satisfactorio para la primera obra maestra de la cinematografía sino-hollywoodense del siglo XXI.
DVD verseComentarios: ernesto@cinevertigo.com