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LA OTRA TELARAÑA
La telaraña de Charlotte


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Escondida por los rincones/Temerosa que alguien la vea… Así podríamos describir al DVD de la modesta primera versión fílmica del clásico libro infantil homónimo de E. B. White, La Telaraña de Charlotte (Charlotte’s Web, EU, 1973), una cinta animada producida por la casa Hanna-Barbera y dirigida al alimón por el veterano salido de la casa Disney Charles A. Nichols y por Iwao Takamoto, en cuya filmografía aparece esta película como la única que dirigió en su larga carrera como productor para Hanna-Barbera.

 El filme, disponible en un baratísimo DVD de Región 4, cuenta como único extra el trailer original de la cinta, pero la transferencia digital es aceptable, el sonido es estéreo y el formato, insólitamente para un disco de este tipo, es 1.78:1. Es decir, la película, distribuida por Paramount, está en widescreen, algo que otras compañías nacionales –por ejemplo, Videomax- no ofrecen casi nunca.

 Pero, ¿por qué es recomendable rentar o –si se quiere- comprar este filme precariamente animado de hace más de tres décadas cuando está en cartelera la nueva versión, notablemente superior, dirigida por Gary Winick y protagonizada por Dakota Fanning? Creo que hay una razón casi obligada para hacerlo.

 No está de más enseñarles a nuestros hijos las fuentes originales de lo que vemos en pantalla. En decir, hacerles leer el libro –sencillo, conmovedor, simple, pero nunca simplón ni ridículo- y luego rentarles este DVD para que vean la manera en que una trama en particular –en este caso, los esfuerzos de la sabia araña Charlotte para salvarle la vida al puerquito Wilbur- se puede convertir en cine.
Es cierto, los números musicales son muy malos –las canciones son de Richard y Robert Sherman, autores de la música de la mucho mejor Mary Poppins (Stevenson, 1964)- y la animación es francamente pobre -Hanna-Barbera nunca fue una competencia de Disney si a sofisticación técnica nos referimos-, pero la historia original de E. B. White, con todo y sus ribetes existencialistas, queda incólume, a pesar del exceso de canciones ñoñas.

 Así pues, después de ver esta película de 1973, lo ideal es llevar a nuestros hijos al cine para que vean la nueva versión no animada (aunque sí ayudada digitalmente) de La Telaraña de Charlotte (Winick, 2006). Que comparen, que analicen, que piensen, que opinen, que nos digan que les pareció el libro, el DVD, la cinta de 2006. Qué mejor manera de iniciarlos en la apreciación crítica del cine. No vaya a ser que luego terminen, todo el día, babeando por la décimo-sexta generación de la Academia.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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