EN CARTELERA

TARNATION
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Exhibida originalmente en México en 2005 dentro del Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México y luego elegida por Gael García Bernal y Diego Luna para formar parte del primer ciclo de cine documental itinerante llamado “Ambulante”, en 2006, Tarnation (EU, 2003), la desquiciante/desquiciada “opera prima” de Jonathan Caouette, ha llegado a las salas comerciales de todo el país, gracias a Organización Ramírez, con el nombre en español de Condena Eterna.

 Tarnation –olvidemos el melodramático título en castellano, por favor- es una insoportable y, a la vez, fascinante, mezcla de documental de investigación, diario íntimo, exhibicionismo patológico-fílmico y saturada película de avant-garde. En ella, el joven actor/cineasta Caouette nos hace la crónica/retrato de la terrible vida de su madre, Renée Leblanc, quien un malhadado día, siendo una jovencita, sufrió un accidente que la dejó “psicológicamente” inválida. Para “solucionar” su problema, los médicos le recetaron varias sesiones de shocks eléctricos, lo que –siempre según la versión del devoto hijo Caouette- la llevaron a perder la razón.

 No sé si exista una cinta comparable, en su gestación, a Tarnation. Editada por Caouette con el programa “iMovie” de Apple a partir de ¡160 horas! de películas y vídeos caseros -además de fotografías, llamadas telefónicas, programas televisivos y otras imágenes que el propio cineasta recopiló a lo largo de dos décadas, pues él empezó a filmarse a sí mismo desde los once años de edad-, en Tarnation asistimos al derrumbe del típico sueño americano: el matrimonio de una pareja tejana que tiene una hija (Renée) que crece para convertirse en modelo infantil y juvenil pero que, en su lugar, termina desbarrancándose en la esquizofrenia, hasta llegar al irreversible daño cerebral provocado por una sobredosis de litio.

 La narrativa visual de Caouette –cruel, irónica, salvaje, en su descarnada honestidad exhibicionista- echa mano de todos los recursos formales que le ofrece el lenguaje cinematográfico (desde los arcaicos intertítulos falsamente idílicos del cine mudo hasta las imágenes que parecen sacadas/saqueadas de algún avant-garde film de Stan Brackhage) y todos ellos los utiliza con maniática precisión. Incluso cuando, en cierta escena clave, Caoutte parece refocilarse en la imagen de su madre enferma, que canta una y otra vez la misma canción infantil mientras ríe a carcajadas sin razón aparente, uno termina entendiendo, horrorizado, que Caouette no puede apagar la cámara. El mostrar a su madre en esa condición –con su abuelo en un extremo del encuadre, sentado en una mesa- es exorcizar su dolor. El de ella y el de él, que teme terminar como su madre.

 Un radical ejercicio de narcisismo fílmico y desnudamiento existencial, Tarnation no es una película que deba ver todo el mundo. Si usted va al cine nada más a divertirse –lo cual, por supuesto, no es un delito-, Tarnation no es el tipo de cinta que le va a gustar: no se amargue la existencia y vea, mejor, Una Noche en el Museo (Levy, 2006). Pero si usted cree que el cine, de vez en cuando, sirve para algo más que entretenerse, puede que Tarnation esté destinada para usted.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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