EN CARTELERA
SUPERCOOL
(***)
Ernesto Diezmartínez GuzmánPara Emile Nucho, que no
debe ir a ver esta película.
Ahí está todo, dolorosa e hilarantemente identificable. Me refiero a la confusión. A la timidez. A la pena ajena (y a la propia). A la desesperación de no saber cómo dirigirse a ellas. Al sentimiento de no encajar con nadie. De vivir humillado o, en contraparte, de humillar a quien se deje. Pero, también, la amistad que se antoja indisoluble. La camaradería a prueba de todo desafío. Y los tragos de más. Y la cruda moral. Y la física.
Ah, esos últimos años de preparatoria. Ah, esos primeros años universitarios. Todo esto, por fortuna, lo había logrado olvidar. Hasta que vi el más reciente filme del equipo del cineasta/productor Judd Apatow, Supercool (Superbad, EU, 2007), segundo largometraje de Greg Mottola. Y, aviesamente, la memoria me llevó a esos lejanos años vividos hace más de dos décadas. Y de principio a fin no paré de reír. Hasta que me detuve, porque tenía un nudo en la garganta.
Sobre un guión “original” de Evan Goldberg y el habitual actor de Apatow, Seth Rogen (escrito cuando los dos eran compañeros de preparatoria en Vancouver), he aquí que los “apestados” socialmente Seth (Jonah Hill) y Evan (Michael Cera) –evidentes alter-ego de los guionistas, que hasta les otorgaron sus nombres de pila- son invitados a una fiesta de despedida de la prepa por sus respectivas y elusivas Dulcineas. El gordito perpetuamente histérico Seth sueña con emborrachar a la guapota Jules (Emma Stone) mientras el serio y equilibrado Evan sólo desea echarle un rollo bien romántico a su idealizada Becca (bonita Martha MacIsaac). Lo malo es que para llegar como héroes a la susodicha pachanga tienen que agenciarse varios litros de alcohol y no tienen cómo hacerlo. La “salvación” llegará personificada en el über-nerd Fogell (el auténtico preparatoriano Christopher Mintz-Plasse), quien cuenta con una credencial más falsa que las declaraciones de honestidad de Fox: la “ID” dice que el chamaco anteojudo tiene 25 años y que se llama ¡McLovin!
Lo que sigue es una chistosísima odisea por partida doble: “McLovin” es “adoptado” por dos cuicos más inmaduros que él (Bill Hader y, otra vez, Seth Rogen), quienes lo llevan en su patrulla por aquí y por allá con todo y sus litros de licor comprados con la identificación chafa, mientras Seth y Evan –que también buscan echarle mano a todo el alcohol que puedan- terminan atrapados en una fiesta adulta con mariguanos, cocos y mujeres intoxicadas bailando con la menstruación encima (sí, claro, se trata de ese tipo de películas vulgares en donde hay gags de esta naturaleza: sobre aviso no hay engaño).
Escribí unos párrafos atrás el adjetivo “original” así, entrecomillado. Y es que, en realidad, la premisa cómica que mueve a los personajes de Supercool no es exactamente muy original que digamos. Desde Porky’s (Clark, 1982) hasta la más reciente American Pie (Weitz, 1999) la trama es más o menos la misma: adolescentes calenturientos buscan acostarse con sus contrapartes femeninas y san-se-acabó. Lo que hace distinta a esta comedia dirigida por Mottola –y producida por Apatow- es el tono genuinamente melancólico que se va colando poco a poco en la medida que nos aproximamos al fin de la cinta, que marcará también el fin de la cercanía entre Seth y Evan, quienes en unas semanas irán a universidades distintas. En este sentido, el guión de Rogen y Hader no evade los signos homoeróticos en esa entrañable relación de amistad y camaradería, pero tampoco los exagera ni los usa para echarle más pimienta a la comedia (por más que algunos espectadores en el cine sí se rieron, aunque parecían más risas de nerviosismo que de cualquier otra cosa).
La odisea de los muchachos terminará, pues, previsiblemente mal, pero al día siguiente continuará probablemente bien. Esos son los altibajos de la vida adulta. Seth y Evan ya se irán acostumbrando.
Escala de Calificación
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