EN CARTELERA

STARDUST: EL MISTERIO DE LA ESTRELLA
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Stardust: el Misterio de la Estrella (Stardust, EU-GB, 2007), es apenas el segundo largometraje del productor británico vuelto cineasta Michael Vaughn. Y ya con dos largometrajes en su haber, podemos encontrar vasos comunicantes entre ellos, si no por el género, sí por el tono narrativo. Para ser concretos, lo mismo que hizo en su debut, con el espléndido thriller No Todo es lo que Parece (2004), lo vuelve a hacer ahora Vaughn tres años después: un acercamiento fresco, ligero y divertido a un género tan manoseado que la simple tarea de rescatarlo de la estulticia reinante parece digno de uno de los trabajos de Hércules.

 Primero fue el thriller violento con personajes de los bajos fondos londinenses –al estilo de Guy Ritchie, a quien Vaugh ha producido buena parte de su obra- y ahora son las aventuras fantásticas de capa-y-espada (brujas, encantamientos, príncipes, animales sobrenaturales y objetos mágicos incluidos) que pusieron de moda la insuperable trilogía de El Señor de los Anillos (Jackson, 2001/2002/2003) y, en menor medida, Las Crónicas de Narnia: el León, la Bruja y el Ropero (Adamson, 2005).

 Sobre una novela ilustrada de Neil Gaiman y Charles Vess, he aquí la historia de un joven soñador y romántico, Tristan Thorn (Charlie Cox), que le promete a su caprichosa amada esquiva Victoria (Sienna Miller) que le traerá una estrella fugaz que acaban de ver caer del otro lado de “la Pared”, una pequeña barda de piedra que separa el mundo de los humanos del reino fantástico de Stormhold.

Hasta allá irá, pues, Tristán, por la estrella fugaz que resultará, en efecto, una estrella: la despampanante rubia Claire Danes, acaso la única actriz de su generación que puede encarnar una estrella fugaz sin que el asunto resulte ridículo. El problema es que detrás de la estrella van también una terrible bruja (Michelle Pfeiffer) que quiere el corazón de la estrella para ganarse la vida eterna, y los últimos dos herederos del trono de Stormohold, que quieren cierto pendiente que lleva en el cuello la susodicha estrella, pues tener en las manos la piedra de marras es la condición para ser el nuevo rey.

 Vaughn no tiene las ambiciones épicas de Peter Jackson ni la solemnidad crístico-alegórica de Las Crónicas de Narnia: lo suyo es echar relajo y, la verdad sea dicha, lo echa bien. No hay nada original en la película, pero sí un ambiente relajado, divertido, vodevilesco incluso, que hace que las más de dos horas de duración se vayan rápidamente. Y para ello, por supuesto, ayuda un reparto uniformemente inspirado: una Pfeiffer que se ha especializado en siniestras villanas exasperadas, un Robert De Niro desatado en el papel de un dizque muy machote pirata que no es más que una refinada loca enclosetada, un coro de fantasmales herederos al trono que asisten como ánimas maloras a ver y comentar todo lo que sucede, un Ricky Gervais que tiene un tête-à-tête con De Niro digno de Abbot y Costello, y una Claire Danes que hace desaparecer el tiempo cuando aparece, literalmente brillando, en la pantalla.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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