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30 ANIVERSARIO: LA GUERRA DE LAS GALAXIAS


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Hace mucho, mucho tiempo (no tanto, en realidad), en una galaxia muy, muy lejana (más bien, en ese rancho grande que es Culiacán), un niño de once años entraba a ver una película que se llamaba La Guerra de las Galaxias (Star Wars, EU, 1977). No se llamaba Episodio IV, ni Una Nueva Esperanza ni nada de nada: era una simple película aventuras, espadazos, robots chistosotes, aliens peludos, héroes que parecían salir de un viejo serial del oeste o de una cinta de capa-y-espada, una heroína muy galla, un villano escondido detrás de una máscara metálica y vestido impecablemente de negro…

 Un servidor vivió la adolescencia con La Guerra de las Galaxias y sus disparejas secuelas (y con las espadas láser, los R2D2 de cuerda, los muñecos chafitas) pero, no sé porqué, nunca me convertí en fan de la saga. De hecho, del cine de mediados y finales de los 70 que me tocó ver de estreno, recuerdo mucho más las películas de Spielberg (Tiburón/1975, que me provocó pesadillas y Encuentros Cercanos…/1977, con la que me quedé “piñado” un buen tiempo), la película-evento Superman (Donner, 1978) y, por supuesto, Apocalipsis (Coppola, 1979) que vi, fascinado, dos veces consecutivas aunque no le entendí gran cosa.

 Muchos años después vi otra vez Star Wars en la época del VHS, otra vez la revisé en el re-estreno mundial corregido y aumentado de 1997 (ya rebautizada como Episodio IV: Una Nueva Esperanza) y, ahora, a raíz del 30 aniversario del estreno mundial creo que es buen pretexto para ver de nuevo el DVD respectivo, con el comentario en audio de George Lucas, Carrie Fisher, el diseñador de sonido Ben Burtt y el supervisor de los F/X Dennis Muren. El DVD de La Guerra de las Galaxias se vende junto con sus dos secuelas, por supuesto, y con un cuarto disco que contiene documentales, testimonios, avances, galería de fotos y otras linduras más sólo aptas para los auténticos fanáticos de la historia.

 Vista una media docena de veces y a distintas edades, no puedo negar que La Guerra de las Galaxias me ha entusiasmado siempre, me ha entretenido de principio a fin, me ha emocionado con su trama simple, directa, infalible. Por supuesto, ahora uno está más consciente de sus defectos --¡esos diálogos!—pero no tuve el mayor problema en dejarlos pasar ante la alegría de verme convertido, de nuevo, en ese niño de once años, maravillado por la cantina de extraterrestres, sorprendido por la inesperada muerte de Obi Wan Kenobi, emocionado cuando Han Solo regresa a salvar a Luke Skywalker, divertido por la relación de R2D2 y C-3PO…

 Fue con la secuela El Imperio Contraataca (The Empire Strikes Back, EU, 1980) que todos nos enteramos que lo que habíamos visto eran, apenas, los capítulos IV y V de una saga conformada por nueve episodios, tres de ellos en forma de “precuelas” de la historia iniciada con el trío maravilla de Luke, Leia y Han y el dúo cómico-robótico de C-3PO y R2-D2 (por fortuna, la idea de los nueve episodios fílmicos fue desechada por Lucas: bendito sea Dios).

 Dirigida por el buen artesano Irvin Kershner y coescrita por el cineasta y guionista Lawrence Kasdan, el rebautizado Episodio V ha sido considerado, desde siempre, como el mejor capítulo de todo Star Wars –aunque ya hay voces que dicen que no, que el mejor filme es el reciente Episodio III. En todo caso, El Imperio Contraataca fue la película en la que nos dimos cuenta que el auténtico personaje central de la historia no era Luke (ni Han ni Leia ni Yoda ni…), sino el siniestro Darth Vader que, en pleno fragor de la más famosa batalla a espadazo limpio de la historia del cine, murmura la celebérrima línea choteada luego hasta el cansancio: “Luke… yo soy tu padre” –o algo por el estilo.

 Viéndola de nuevo, en impecable DVD de Región 4 (con los comentarios en audio de George Lucas, Carrie Fisher, el coguionista Kasdan, el diseñador sonoro Ben Burtt, el supervisor de efectos especiales Dennis Muren y el director Kershner), salen a relucir los grandes aciertos visuales, como el diseño de los tres escenarios en los que se lleva a cabo la acción (el frío Planeta Hoth, el pantanoso planeta Dagobah y la impresionante Ciudad en las Nubes) y, sobre todo, un cuidado evidente en las relaciones que hay entre los personajes, que se vuelven un poquito más complejas.

 En lo personal, la escena que nunca pude olvidar de El Imperio… desde el momento que la vi, en su año de estreno, fue cuando Leia, Han y Chewbacca descubren, al abrirse una puerta en la Ciudad de las Nubes, la figura de Darth Vader quien, con un solo movimiento de su mano, detiene el ataque de los rebeldes. He ahí el centro dramático de la película y, de hecho, de toda la primera trilogía: la omnipresencia de un villano que sólo podrá ser derrotado por él mismo: por alguien igual a él.

 En cuanto a El Regreso del Jedi (Return of the Jedi, EU, 1983), re-bautizado en 1997 como Episodio VI es, sin duda, la menos satisfactoria de la trilogía original de Star Wars. No fue exactamente una decepción --¿cómo podía decepcionarse un muchacho de 17 años al ver el fin de un serial con el cual creció como adolescente?—pero, en todo caso, sí representó una suerte de largo y cursi anticlímax después de habernos maravillado con La Guerra de las Galaxias y asombrado con la oscura y melodramática El Imperio Contraataca.

 La edición en DVD que tengo a la mano de El Regreso del Jedi es de 2004, con alguna que otra escena extendida (un número musical blusero en la guarida de Jabba), una que otra “chaineadita” en los F/X (las imágenes de la celebración final de la victoria) y una que otra curiosidad que molestó a los fans de hueso colorado (el cambio del rostro del Annakyn Skywalker fantasmal, que era de Sebastian Shaw, por el de Hayden Christensen). Por lo demás, si exceptuamos la secuencia del rescate de Han Solo en el cuchitril de Jabba, la película no es particularmente interesante sino hasta que Luke se entrega a su maléfico papá Darth Vader, con el fin de salvarlo del Emperador y del lado oscuro de la Fuerza. El Regreso del Jedi es, por supuesto, no tanto el de Luke sino el de Annakyn, el gran maestro seducido por el siniestro Palpatine, como lo habríamos de constatar en el reciente Episodio III, bastante superior que este blando punto final, dirigido impersonalmente por el “yes-sir-man” Richard Marquand.

 Al estar hurgando en estos días entre mis viejos “Film Comment” de la época, me encontré con un ensayo de Harlan Jacobson llamado “Thunder in the Right” (Film Comment, agosto de 1983) en donde el cinecrítico hace un análisis político de El Retorno del Jedi, estrenado en plena era “reaganiana”. Jacobson alega que en toda la saga de Star Wars, especialmente en la tercera parte de la trilogía –o Episodio VI, para entendernos—, se muestra un especial interés por mostrar la maquinaria bélica (del Imperio y de los rebeldes) en todo su esplendor y magnificencia, transmitiendo el mensaje de que las armas son bellas y divertidas.

 Tal vez Jacobson no estaba tan errado. Después de todo, La Guerra de las Galaxias, con la idealización de sus jóvenes guerrilleros rebeldes, fue realizada a fines de los 70, con las heridas de Vietnam aún sangrando, mientras que El Regreso del Jedi fue estrenada bajo el exitoso gobierno de Reagan, que llamaba a la URSS el Imperio del Mal y que nombró Star Wars a su proyecto de defensa nuclear. Nada nuevo bajo el Sol.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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