ESE CIERTO CINE
EL HOMBRE ARAÑA
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Ernesto Diezmartínez GuzmánAntes que nada, debo confesar que nunca he sido fanático de los cómics y que, aunque una de mis caricaturas favoritas era El Hombre Araña (67-70), para mí no representa ningún tipo de trauma atestiguar que el hombre arácnido encarnado por Tobey Maguire tiene un traje diferente al original o que se ha cambiado al sarcástico héroe de la revista por la historia de crecimiento de un adolescente cualquiera. Dicho de otra manera: he juzgado a El Hombre Araña (Spider-Man, EU, 2002) por su calidad intrínseca, no por la fidelidad al cómic creado por Stan Lee y Steve Ditko para la Marvel en 1962. Voy a decirlo de una buena vez: El Hombre Araña es el mejor filme realizado sobre un super-héroe desde el díptico de Batman (Burton, 1989 y 1992).
Primero, lo obvio: El Hombre Araña costó 140 millones de dólares y eso se nota. Por supuesto, la producción es impecable y los efectos especiales son de primera, pero lo notable de la película dirigida por el muy confiable Sam Raimi es que toda la parafernalia de la típica superproducción hollywoodense (explosiones por aquí y por allá, destrucción de media ciudad, efectos digitales a discreción) no logra borrar el buen humor del filme, su inatacable centro moral (que será pueril, si usted quiere, pero por lo menos tiene uno), su complejo discurso paralelo sobre la familia y, last but not least, el innegable talento de los jóvenes Maguire y Dunst.
El guión escrito por David Koepp es el mejor de su carrera en muchos años. No traiciona los orígenes de "Spidey", no le teme a la cursilería más vil (el impoluto amor platónico de Peter Parker por Mary Jane) y logra darle cierto peso dramático a las frases más "trascendentes" ("todo gran poder conlleva una gran responsabilidad"). Sin embargo, lo más interesante de la historia escrita por Koepp es que logra trazar una complejísima red de relaciones enfermizas entre todos los personajes principales. Si uno lo piensa, las broncas existenciales de cada uno de ellos darían para una tesis doctoral de sicología freudiana fundida con cultura popular.
He aquí al eternamente tímido e inseguro jovencito Peter Parker (Maguire) que, huérfano de padre y madre, ha sido criado por dos amables tíos ancianos (Cliff Robertson y Rosemary Harris). En plena adolescencia, cuando el cuerpo y la psique humanas cambian más, Parker es mordido por una araña genéticamente "mejorada" que lo convertirá en un ser humano con poderes especiales. Parker no entiende muy bien qué hacer con su nueva condición y su pasividad (dejar ir a cierto ladrón) resultará ser trágica. Así, sin padre biológico y con un padre adoptivo asesinado por su inactividad, Peter ve como un acaudalado científico militar, el Dr. Norman Osborn (Willem Dafoe), parece elegirlo a él como hijo postizo incluso por encima del auténtico vástago indolente, el atormentado Harry Osborn (James Franco). Osborn padre realiza un experimento sobre su persona, dando como resultado su conversión en el sádico Gnomo Verde, que utilizará todo su poder maléfico para destruir lo que dejó en pie Osama bin Laden. Para mejorar el cóctel, Harry y Peter están enamorados de la misma muchacha, Mary Jane Watson (Kirsten Dunst), y el propio Norman Osborn no es ajeno al deseo por la suculenta pelirroja, como lo deja claro la mirada lasciva con la que la desnuda en cierta cena del Día de Acción de Gracias.
Rivalidad filial apenas disimulada, padre que desprecia a su verdadero hijo, un joven que carga el peso de la muerte del único padre que tuvo, padre perverso que ve a su hijo postizo como el único que podrá detenerlo, rencores que se heredarán de padre a hijo con el fin de sostener la continuación estrenada en el 2004, muchacho que carga con la neurosis de ser el responsable del mundo y que por ello se negará al amor en un desenlace que parece sacado de un filme romántico... Los temas que trata El Hombre Araña en medio de efectos especiales, maravillas digitales y algunos momentos de humor autoparódico (¡esa secuencia de lucha libre!) son mucho más serios de lo que uno podría esperar y, aunque parezca mentira, uno termina preocupado por todos los personajes, incluyendo el futuro villano Harry Osborne.
El arma secreta de El Hombre Araña son sus jóvenes protagonistas. Maguire está perfecto como el muchacho común y corriente que un buen día se despierta con la habilidad de trepar por las paredes y echar telarañas por sus muñecas. Su mirada no pierde nunca el asombro que vive por ser Spiderman y, al final, cuando tiene que aceptar que su responsabilidad es tanta que no puede permitirse la debilidad del amor (dicho, de otra manera, cuando ha perdido ya toda su inocencia), el rostro de Maguire transmite un auténtico "pathos" que llega a ser conmovedor. En cuanto a Dunst, no puedo ni siquiera pensar en la objetividad: puede llegar a ser tan buena actriz como Julia Stiles pero es el triple de sexy. Es cierto que su Mary Jane no tiene gran cosa qué hacer más que ser capturada por el villano (ninguna enamorada de superhéroe hace mucho, a decir verdad), pero su carisma y su coquetería te ganan (o por lo menos me ganaron) de inmediato.
Mi admiración por Maguire, Dunst, Dafoe y el director Sam Raimi ya eran grandes antes de esta cinta. No creí que fuera a crecer aún más con una película sobre un tipo que trae siempre --(yiakk)-- las manos pegajosas.
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