EN CARTELERA

SOLO DIOS SABE
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
En cierto momento clave de Sólo Dios Sabe (México-Brasil, 2006), un personaje exclama, señalando a los amantes malitos (que no malditos) Dolores (Alice Braga) y Damián (Diego Luna): “¡Este par cree que está en una telenovela mexicana!”. Qué injusticia: el capítulo estándar de un culebrón nacional dura sólo media hora… con todo y comerciales. En contraste, Sólo Dios Sabe, cuarta cinta del montajista vuelto cineasta Carlos Bolado (Bajo California: el Límite del Tiempo/1998, Promesas/2001) dura casi dos horas y no tiene la virtud de ser interrumpida por algún anuncio de Maestro Limpio.

 Dolores, una joven estudiante brasileira radicada en San Diego, pierde su pasaporte en cierta noche de antro en Tijuana, por lo que no puede regresar a Estados Unidos. Aquí hace su aparición el mexicanísimo ángel de la guarda –y reportero de La Jornada, por añadidura- Damián (Diego Luna), quien se ofrece a llevar a Dolores a la Ciudad de México para que tramite su nuevo pasaporte en la embajada brasileña. Así pues, la primera hora de Sólo Dios Sabe resulta ser una folclórica road movie, con todo e infaltable visita a un pueblito a las faldas de Paricutín, en donde Dolores y Damián verán una procesión de “moros”, beberán pulque de un vaso de plástico y harán el amor bajo una lluvia torrencial.

 La primera parte de la cinta borda con el franco ridículo gracias al inverosímil periodista encarnado por Diego Luna. Su personaje es enviado por La Jornada a hacer un reportaje ¡en carro y hasta Tijuana! (¿así de fregados están los compañeros jornaleros que su periódico no les paga el avión?), es capaz de decir “profundeces” como “el Destino es lo que Dios sabe que es mejor para nosotros”, tiene un altar de muertos en su departamento junto a una reproducción de La Calaca Catrina y una foto de Zapata (le faltó un monito de luchador y un poster de SubComediante para completar todos los clichés) y, además, el periodista de marras ha de ser medio budista porque cuando atropella a una chachalaca (bueno, un buitre) la entierra con todos los honores y no es capaz de matar ni a una méndiga cucaracha.

 Pero si la primera parte roza el ridículo, la segunda está sumergida en él. Dolores ha viajado de México a Brasil, Damián ha ido tras ella, y antes de que usted pueda deletrear “Love Story”, la pareja estará enfrentando la tragedia, la muerte y la llegada de una nueva vida, con todo e infructuosa ayuda de la muy mexicana Virgencita de Guadalupe y la muy brasileña Madre Oxum. Sincretismo religioso-telenovelero de exportación.

 Lo peor está en la última media hora. Para Bolado, la mujer tiene que morir para darle sentido a su vida. Dicho de otra manera: una mujer no puede ser mujer si no da vida… aunque para ello entregue la suya. Serrano Limón y Monseñor Abascal estarían encantados de este irresponsable desenlace ultra-conservador. Dile no al aborto.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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