EL CINE QUE NO VIMOS



SOBREVIVENCIA
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Exhibida en México en el FICCO 2005 –en donde ganaría el premio a la Mejor Opera Prima, por cierto--, Sobrevivencia (Struggle, Austria, 2003) nunca mereció una mínima corrida comercial. Producida por la televisión austriaca –que se desatendió de la cinta por completo—y dirigida por la cineasta debutante Ruth Mader, Sobrevivencia es una asfixiante pequeña película acerca de la soledad, la incomunicación y la alienación en las sociedad postcapitalistas contemporáneas.

 Ewa (Aleksandra Justa), una médica polaca con niñita en ristre, viaja a Austria a trabajar en la pizca de la fresa. Aprovechando un momento de descuido de sus empleadores/vigilantes, Ewa y su hija escapan hacia lo desconocido, hacia la incertidumbre. Todo será mejor que lo que ellas tienen (o que no tienen), uno quiere suponer. Ewa pasa así a trabajar como sea y en lo que sea, ora en una planta congeladora de pavos, ora limpiando adornos en una pequeña bodega. Mientras, Harold (Gottfried Breitfuss), un acomodado vendedor de bienes raíces, divorciado y con su propia hijita distante, llena su soledad en oscuras citas a ciegas sadomasoquistas que lo dejan todavía más vacío e insatisfecho.

 Sobreviencia no es una película fácil. Y no me refiero a la complejidad de su trama (no hay tal: sólo dos personajes con narrativa lineal-paralela), sino al tono distanciado, de frío documental (casi) entomológico, que le imprime Mader a la cinta. Prácticamente sin diálogos, con inertes encuadres fassbinderianos (cinefotografía de Bernhard Keller) y con unas actuaciones naturalistas nada enfáticas, Mader hace cine explorando/explotando esos tiempos muertos en donde no pasa nada, a no ser la vida misma.

 Así, la cámara se detiene minutos enteros para estudiar la forma en la que los inmigrantes este-europeos trabajan recolectando fresas en medio del frío, la lluvia, el lodo. O capta la manera en la que las obreras laboran frente a una línea en donde los pavos despellejados desfilan frente a ellas como si fueran imágenes especulares de su propia explotación. Así, lo que vemos en los justos 73 minutos del filme (si hubiera durado más, sería un auténtico abuso) es el desfile de los desazonantes signos de trabajo/consumo/alienación a los que están sometidas millones de personas en el mundo entero. Por ello, el final, con el encuentro de Ewa y Harold, más que una bocanada de esperanzador aire fresco, se muestra como una cruel mirada a otro ciclo de trabajo/consumo/alienación más. ¿Alguien sabe cómo romper este círculo?


EL CINE QUE NO VIMOS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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