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EL RESPLANDOR

Ernesto Diezmartínez Guzmán
Dentro del reducido universo fílmico de Stanley Kubrick –apenas trece largometrajes en casi medio siglo de carrera—y a partir de Casta de Malditos (1956), su tercera película, es difícil sino es que imposible desdeñar cualquier filme proveniente de la obsesiva mente del cineasta neoyorkino. Desde la mencionada Casta de Malditos hasta Ojos Bien Cerrados (1999), Kubrick nos entregó obra maestra tras obra maestra –e incluyo aquí el proyecto de encargo Espartaco (1960)—, sin descanso ni tregua.

 Es cierto, en su momento muchas de sus películas no fueron bien recibidas –2001: Odisea Espacial (1968), Barry Lyndon (1975), El Resplandor (1980) fueron despreciados por la crítica, el público o los dos—, pero con el paso del tiempo cada una de estas cintas ha sido revisada, revalorada y colocada en el panteón en el respetable lugar que merecen –el ejemplo más acabado de ello es, por supuesto, 2001: Odisea Espacial, considerada por muchos como uno de los más grandes filmes de ciencia-ficción del siglo XX.

 En lo personal, quien esto escribe nunca tuvo especial respeto por El Resplandor (The Shining, EU, 1980), el largometraje número 11 de Kubrick. En el momento de su estreno me pareció un filme absorbente que se desbarrancaba en su última media hora. Luego, lo volví a ver un par de veces años después y no cambié mucho de opinión: me siguió pareciendo el filme más flojo de toda la filmografía kubrickiana. Sin embargo, con la disponibilidad de la cinta en un decente DVD, decidí volverla a ver por enésima vez. Algo nuevo tenía que encontrar. Y sí, lo encontré.

 Las virtudes que recordaba del filme de Kubrick ahí están: impecable diseño de producción de Roy Walker, hipnotizante uso de la música de Ligeti, Berlioz y Bartok, y, claro, la extraordinaria fotografía de John Alcott con todo y un nuevo aparatito que se haría célebre (la steady-cam creada y manipulada por Garrett Brown con la que se sigue a Danny en sus paseos por triciclo en los pasillos del Overlook). En la revisión del filme, sin embargo, queda todavía la impresión de un tercer acto repetitivo y que se alarga en demasía. En todo caso, tengo que confesar que apenas en esta nueva visión de la cinta encontré la explicación para la desbordada sobreactuación de Jack Nicholson, lo que cambió en buena medida la perspectiva que tenía de la película.

 Me explico. En realidad, las actuaciones de Shelley Duvall, el niño Danny Lloyd y, por supuesto, Nicholson en su papel de psicótico y poseído Gran Lobo Feroz, se tornan cada vez más físicas, más histéricas, más enfáticas en la medida que avanza la película. Cuando Jack Torrance (Nicholson) empieza a ver fantasmas –en la secuencia clave en la que él entra a un baile del 4 de julio de 1921--, quien tiene el comportamiento extraño es ÉL, no los espíritus. Los fantasmas, divirtiéndose, dueños de la situación y de SU espacio,  ni siquiera voltean a mirar al enfurecido Torrance, quien manotea, ríe a carcajadas o clava sus ojos de orate en el amable barman. Es lógico: son los Torrance los que están de más, los extraños, los otros. Dicho de otra forma, los fantasmas son los “normales”.

 Steven Spielberg, recordando una conversación telefónica con Kubrick, confesó que en alguna ocasión el director de 2001 le preguntó a él si le había gustado El Resplandor. Spielberg le dijo que sí, pero que no le había convencido la actuación de Nicholson. Kubrick, por el contrario, le comentó que lo mejor del filme ERA Jack. A continuación, Kubrick le preguntó a Spielberg cuál era su actor favorito del Hollywood clásico. “Gary Cooper, James Stewart, Cary Grant”, murmuró Spielberg. “¿Y James Cagney?”, le inquirió el incisivo Stanley. “Claro, Cagney es muy bueno”, aceptó Steven. “Pero no pensaste de inmediato en él”, indicó Kubrick. “Esa es la razón por la creo que Nicholson está excelente”, terminó Stanley, “porque yo pensé primero en Cagney”. Interesante anécdota que invita a leer el filme desde otra perspectiva.

 El DVD de El Resplandor ofrece el infaltable trailer y una auténtica joyita: un documental de 35 minutos dirigido por Vivian Kubrick, la hija del cineasta, acerca de la filmación de la película. En este documental vemos imágenes inéditas de Kubrick trabajando, discutiendo, alabando a Nicholson, atacando a Duvall, además de varias entrevistas con el reparto y el equipo de producción. Dado el carácter reclusivo del Kubrick cineasta, este es uno de los pocos documentos visuales del director neoyorkino trabajando. Uno podría decir que sólo por el documental vale la pena comprar el disco, pero El Resplandor, pese a todos los pesares, vale por sí mismo.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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