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AL SERVICIO SECRETO DE SU MAJESTAD


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Después de cinco películas del 007, Sean Connery se cansó y decidió no realizar el sexto filme del agente secreto con licencia para matar. Así, después de un largo proceso de selección, el nuevo Bond, James Bond, fue el joven australiano George Lazenby, con experiencia actoral casi nula –apenas había hecho algún comercial televisivo- pero con una apostura y un físico que hacía recordar, de inmediato, a un Sean Connery en bruto. La primera –y a la postre única- película del 007 con Lazenby fue Al Servicio Secreto de Su Majestad (On Her Majesty’s Secret Service, GB, 1969) que, también, fue el debut y despedida de Peter R. Hunt como director jamesbondesco. La cinta está disponible en un DVD de colección: formato widescreen, un buen documental acerca de la realización de la película, una curiosa antología de todos los gadgets creados por “Q” para Bond, spots televisivos, anuncios radiofónicos, el trailer original, galería de fotos y el comentario en audio del director Hunt con parte de su equipo de producción. El único prietito: el sonido del disco es inexplicablemente monoaural.

 En lo que respecta a la película, la sexta aventura del 007 es, acaso, la más realista de todas. No hay demasiados efectos especiales ni tampoco escenarios futuristas apantallantes, sino una historia de amor –Bond se enamora por primera y única vez- entrelazada con la típica trama en donde Blofeld (encarnado esta vez por Telly Salavas) quiere poner el mundo a sus pies a través de armas bacteriológicas. Bond tendrá que detenerlo con la ayuda de su suegro, un poderoso jefe mafioso que lo ha buscado para que se case con su rebelde hija Tracy (Diana Rigg).

 El Bond de Lazenby es fuerte, muscular, echa patadas y karatazos por todas partes y no usa ni un solo "chunche" de “Q”. No se ve mal en traje ni tampoco haciendo las bromas crueles típicas del 007, así que el hecho de que sólo una vez encarnara al personaje de Ian Fleming no se debe al supuesto fracaso taquillero de la cinta –que no lo fue tanto, en realidad- sino a la propia soberbia de Lazenby, que decidió dejar el papel para dedicarse a una carrera actoral más seria… que nunca terminó de despegar.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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