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EL SENTIDO DE LA VIDA


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Los milagros existen. La Columbia-TriStar Pictures ha puesto a disposición del cinéfilo mexicano en un DVD de la Región 4 El Sentido de la Vida (Monty Python’s The Meaning of Life, GB, 83), el tercer y último largometraje del grupo británico Monty Python, “los Beatles de la comedia”, como alguien con cierta razón los bautizó alguna vez. La edición digital de El Sentido de la Vida está formada por dos discos: en el primero está la película, los comentarios en audio de Terry Jones y Terry Gilliam, además de otro comentario “para quien ve la película solo en su casa”; en el segundo hay varios documentales, un corto educativo que nos prepara “para vivir la vida”, trailers, afiches, escenas borradas, versiones alternativas de los números musicales y una reunión de los Pythons 20 años después. Una edición inagotable y agotadora.

 Para los herejes que no los conozcan, los Pythons fueron seis comediantes que revolucionaron la televisión británica desde finales de los 60 hasta mediados de los 70 con su celebérrimo programa Monty Python’s Flying Circus. De ahí, el grupo –formado por los británicos John Cleese, Graham Chapman, Michael Palin, Terry Jones, Eric Idle y el estadounidense Terry Gilliam—se pasó al cine, debutando con Monty Python y el Santo Grial (1975), a la que siguió La Vida de Brian (1979) –sin duda su obra maestra y una de las más grandes comedias de habla inglesa de todos los tiempos—y, finalmente, El Sentido de la Vida.

 Antes, en medio y después de serie televisiva y los tres filmes ya mencionados, los seis Pythons siguieron su propio camino. El americano Gilliam se convirtió en uno de los más imaginativos directores de Hollywood (Bandidos del Tiempo/1981, Brasil/1985, Las Aventuras del Barón Munchausen/1988, El Pescador de Ilusiones/1991, 12 Monos/1995), mientras los demás han continuado presentes en el cine y la televisión de Estados Unidos y Europa como realizadores, actores y guionistas. De los cinco británicos, Chapman fue quien tuvo menos suerte –murió a finales de los 80—, mientras Cleese se ha convertido en, sin duda, el rostro más conocido del disuelto grupo: protagonizó la espléndida Los Enredos de Wanda (1988) y su larguilucho cuerpo se ha paseado por varios de los blockbusters de los últimos años (en Harry Potter y la Piedra Filosofal/2001 y secuelas, y en los últimos filmes de James Bond como el especialista en gadgets “R”).

 Volviendo a El Sentido de la Vida, el filme –ganador de el Gran Premio del Jurado en Cannes 83—está formado por un extravagante cortometraje/prólogo (dirigido por el desbordado Terry Gilliam) a la que le siguen siete episodios que resumen la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por el crecimiento, la escuela, el sexo, la guerra... Cada parte está conformada, a su vez, por varios sketches, así que en las casi dos horas de duración de la película vemos una veintena de fragmentos que lo mismo recurren al musical (Every Sperm is Sacred, Galaxy Song, Christmas in Heaven), a la animación (la secuencia de créditos), al humor-gore (la secuencia de la donación de órganos), a la burla del carácter inglés (el soldado que pierde una pierna y actúa como si lo hubiera mordido un mosquito; el pomposo protestante que no ha tocado más que un par de veces a su mujer en toda su vida), a la escatología más radical (la escena de Mr. Creosote, recomendable sólo para estómagos fuertes), a la sátira social (todas las escenas escolares, incluyendo la antológica clase de sexo) y hasta a un humor desconcertante, diríase surrealista (¿En dónde está el pescado?).

 Como de costumbre en cualquier cinta de ellos, en el filme –dirigido por Jones y Gilliam, y escrito por Chapman y Cleese—los seis Pythons aparecen encarnando, cada uno, a una docena de personajes –hombres, mujeres, animales, vegetales, cadáveres y hasta a un tal Mr. Muerte—y los resultados, las más veces, son hilarantes, provocadores, insultantes, desfachatados. Por supuesto, una película basada en una serie de sketches es, inevitablemente, dispareja –algunas partes son más graciosas que otras--, pero incluso el fragmento menos logrado de El Sentido de la Vida es muy superior a buena parte de las comedias contemporáneas que tenemos que soportar en las salas de cine de los “multiplexes” mexicanos. Si encuentra la película perdida por ahí, no lo dude: compre El Sentido de la Vida y busque la edición especial de La Vida de Brian, disponible en regiones 1 y 4.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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