DVD verseLA ROSA BLANCA: SOPHIE SCHOLL
Ernesto Diezmartínez GuzmánEn el absorbente documental minimalista La Secretaria de Hitler (Heller y Schimederer, 2002), la lúcida y memoriosa octogenaria Traudl Junge, la secretaria personal del dictador, no trata de disculparse a sí misma por no haber sabido, por no haber preguntado, por haber cerrado los ojos, frente al horror nazi. De hecho, en cierto momento, la señora Junge dice, frente a la cámara, que su juventud no es pretexto: después de todo, dice, Sophie Scholl era menor que yo.
La admirable heroína alemana es la protagonista, precisamente, de La Rosa Blanca: Sophie Scholl (Sophie Scholl: Die Letzten Tage, Francia-Alemania, 2005), tercer largometraje de Marc Rothemund y filme nominado al Óscar 2006 por Mejor Filme Extranjero –estatuilla que ganaría, por cierto, la sudafricana Tsotsi (Hood, 2005).
Basado en documentos históricos no publicados y desclasificados por la antigua Alemania comunista, La Rosa Blanca es la conmovedora/indignante/inspiradora crónica de la detención, el juicio expedito y la posterior ejecución de la estudiante de 21 años Sophie Scholl, su hermano Hans y el amigo de ambos Christoph Probst, los tres miembros del grupo estudiantil político-pacificista “la Rosa Blanca” que, con medios no violentos, se atrevió a lanzar una campaña anti-nazi a inicios de 1943, poco después del fracaso monumental germano en el frente ruso. Los hermanos Scholl fueron arrestados lanzados volantes en la Universidad y, en cinco días, fueron interrogados, declarados culpables y, junto a Probst, decapitados, todo con el fin de dar el “justo” escarmiento a una juventud que no entendía el papel que debía jugar en la gloriosa Alemania nazi.
Dirigida con la sobriedad debida por Marc Rothemund –la cinta es adecuadamente claustrofóbica, pues casi toda fue realizada entre las cuatro paredes de la prisión en donde Scholl fue recluida-, La Rosa Blanca tiene dos segmentos intelectual y moralmente electrizantes: las varias secuencias del interrogatorio de Sophie (extraordinaria Julia Jentsch) por parte del estricto policía nazi Mohr (espléndido Alexander Held) y el enfrentamiento final con el monstruoso e histérico juez que la condena a muerte a ella, a su hermano y al lloroso compañero de ambos. En estas dos partes de la película emerge, impresionante, la grandeza ética de la jovencita Scholl: su inquebrantable convencimiento frente a los nazis abruma. Ella sabe que está en lo correcto y que los que la interrogan y juzgan están equivocados. Su entereza es tal que el duro policía Mohr llegó a admirarla y a ofrecerle una salida legal para salvar su vida. Scholl se negó a ella misma esa oportunidad: no podía negociar con esos monstruos.
Cualquiera podría pensar que La Rosa Blanca es la idílica melodramatización de la vida y la muerte de Sophie, pero nada está más alejado de ello: los diálogos entre Mohr y Scholl, insisto, son reales, así como la caricatura de juicio por el que ella pasó. Aunque parezcan increíbles personajes ficticios, de vez en cuando el género humano produce individuos como Fräulein Scholl que sirven y servirán de ejemplo a todos los que quieran hablar alguna vez de valentía y moralidad. Sophie no habló: sólo actuó en consecuencia.
El DVD de La Rosa Blanca, de Quality Films, no está mal, a pesar de la criminal full-screen: ofrece sonido 5.1, galería de fotos, trailer original y cuatro entrevistas de unos cuantos minutos de duración con el director, el guionista, la joven actriz Jentsch y el veterano intérprete Held.
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