EL CINE QUE NO VIMOS
LAS ROPAS NUEVAS DEL EMPERADOR
(** 1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánHace algún TIEMPO, el politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez, en su ineludible columna de los lunes, publicó una provocadora disquisición sobre la posibilidad de que Francisco Labastida y no Vicente Fox hubiera sigo el ganador de las elecciones del 2000 (“Y si…”, 25/nov./02). A primera vista, el pensar “que hubiera pasado si…” resulta un ociosidad cuando se trata de acontecimientos históricos tan relevantes como el que vivimos hace casi cuatro años pero, si se ve con cuidado, este tipo de reflexiones no son nada fútiles. En primera instancia, nos ayudan a juzgar el presente con otros ojos –como bien lo argumentaba Silva-Herzog en el mencionado texto—o, en todo caso, pueden ser el pretexto para fascinantes ajustes de cuenta con héroes, hechos, situaciones, que cambiaron la faz de la Tierra.
A esta segunda categoría pertenece Las Nuevas Ropas del Emperador (The Emperor’s New Clothes, EU, 2002) basada en la novela “The Death of Napoleon” de Simon Leys. El “y si…” de la película dirigida por Alan Taylor es el siguiente: Napoleón Bonaparte (Sir Ian Holm) no murió en Santa Helena el 5 de mayo de 1821 sino que, con el nombre de un tal Eugene Lenormand, escapó de la citada isla para viajar de regreso a Francia, con la idea de recuperar el poder. Lo malo –según la simple pero divertida trama escrita por el propio Taylor y dos guionistas más—es que el Napoleón impostor que sustituyó al auténtico corso, se niega a confesar el engaño para poder disfrutar de una vida –y a la postre—una muerte de privilegios. Así, el verdadero exEmperador, solo y su alma en París, esperará desesperado volver al trono, mientras se relaciona con la bella Pumpkin (la actriz danesa Iben Hjejle, vista en Alta Fidelidad/Frears, 2000), una pobre verdulera que nunca vivió con su fallecido marido “gracias” a la innumerables guerras napoleónicas.
Alan Taylor tiene una vasta experiencia en la buena televisión estadounidense (ha dirigido varios episodios de Oz, Sex and the City, Los Sopranos y Six Feet Under) y de ahí ha tomado dos elementos que convierten a Las Nuevas Ropas… en un filme modestamente logrado. En primer lugar, la narrativa de la cinta es ágil, funcional, extremadamente limpia, y, en segunda instancia, el cineasta hace descansar la fuerza de su increíble premisa dramática en el peso de sus actores. O, mejor dicho, en el de su actor.
Ian Holm es, sin duda, el mejor actor inglés de su generación (no, no he olvidado a Hannibal Lecter: Sir Anthony Hopkins es galés). Con más de cien títulos en su filmografía, Holm ha construido una impresionante carrera que ha combinado filmes académicos impecables como Henry V (1989), Hamlet (1990) o Las Locuras del Rey Jorge (1994); extravagancias desbordadas como Brazil (1985), El Almuerzo Desnudo (1991) o eXistenZ (1999); exitosas cintas del mainstream hollywoodense como El Quinto Elemento (1997), Desde el Infierno (2001) o la trilogía de El Señor de los Anillos (2001, 2002, 2003); difíciles obras de arte como El Dulce Porvenir (1997) y hasta ha aparecido en filmes de culto como Alien, el Octavo Pasajero (1979). Dicho de otra manera, no creo que exista otro actor británico (incluyendo a Hannibal/Hopkins) con una carrera tan valiosa y distinguida.
Con todo, han sido escasas las oportunidades para ver a Holm protagonizando una película –la excepción es la cinta de Egoyan El Dulce Porvenir--, así que Las Nuevas Ropas… tiene como principal oferta el permitir el lucimiento del mencionado actor inglés. Holm no sólo ejecuta a la perfección sus dos papeles (el del Napoleón falso y el del Napoleón verdadero), sino que además encarna con precisión la evolución de sus dos criaturas dramáticas. Así, el falso Emperador se convertirá en un cinicazo borracho y bon-vivant al darse del inesperado poder que ha caído en sus manos, mientras el autocrático Napoleón anónimo se irá transformando en un hombre común que disfrutará de los placeres más vulgares y cotidianos… Claro, esto difícilmente puede considerarse como una posición argumental original o provocadora, pero la gracia con que está resuelto todo el filme y el virtuosismo de Sir Ian Holm están fuera de toda discusión. No hay nada de ambición napoleónica en esta película pero nunca una historia simple, sencilla y bien lograda como ésta sale sobrando.
······· Las Nuevas Ropas del Emperador nunca se estrenó comercialmente en México. Está disponible en DVD de Región 4 y se exhibe de vez en vez en la televisión de paga.
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