DVD verse
GLADIADOR DEL FUTURO
Ernesto Diezmartínez GuzmánRollerball (2002), el remake de la película homónima dirigida por Norman Jewison en 1975 –y titulada en español Gladiador del Futuro—se estrenó sin pena ni gloria en su momento en nuestro país. Por supuesto, la recomendación es rentar la versión original de los años 70, que se encuentra arrumbada en el catálogo de cualquier videoclub. El DVD de El Gladiador del Futuro (Rollerball, EU, 1975) es bastante bueno: además de la impecable imagen en widescreen, el disco ofrece los trailers originales de cine y televisión, los comentarios en audio de Jewison y del guionista Harrison, un “detrás de las cámaras” de 1975 y un muy interesante documental titulado Return to the Arena: The Making of Rollerball, realizado en 2001 y con varias entrevistas con Jewison, Harrison, el editor Anthony Gibbs y el actor John Beck, además del coordinador de dobles Max Kleven.De hecho, en la entrevista dada por Jewison para esta edición del DVD, el director de Jesucristo Superestrella puntualiza ¿sin querer? el gran problema de Gladiador del Futuro: se supone que el filme de ciencia-ficción debería resultar una crítica feroz sobre la violencia en la TV, una puesta al desnudo de los intereses corporativos que manejan los medios de comunicación, un grito de alarma sobre la decadencia del mundo occidental y sus perversos “entretenimientos”. Sin embargo, el mismo Jewison confiesa: “en Estados Unidos, todo mundo quería jugar Rollerball y hasta propusieron ¡crear un torneo!”. Dicho de otra manera, la supuesta crítica a la violencia fue realizada de una manera tan entretenida (tan perfectamente editada por Gibbs, tan brillantemente ejecutada por los stunt-men coordinados por Kleven, tan solidamente dirigida por Jewison), que toda aliento contestatario se diluye entre los sonidos de ¡kranch!, ¡tuck! y ¡pow! de los huesos rotos, los cráneos descerrajados, los cuerpos tendidos en la pista y la sangre regada en el Coliseo futurista.
La historia, ubicada en el 2018, muestra a una sociedad en donde se han abolido las guerras, el hambre, el amor y el odio, todo ello a costa de la individualidad humana. Tampoco hay gobierno alguno --¡hombre, como en México!—y todo está dirigido por unas cuantas corporaciones, dirigidas por el frío y flemático Bartholomew (magnífico John Houseman). La única diversión en este “mundo feliz” es el citado “rollerball”, una extraña mezcla de duelo de gladiadores, patinaje, baloncesto y hockey sobre hielo (bueno, sobre pista) que, además, no cuenta con reglas fijas y cuya violencia extrema no se castiga, sino que se premia. El problema es que uno de los jugadores de Rollerball, Jonathan E. (James Caan), “empieza a ser más grande que el juego” y esto representa una amenaza para las impersonales corporaciones y su afán de borrar todo signo de individualidad y heroísmo.
Como ya anotamos antes, el principal problema del filme es que nunca logra articular una crítica que funcione como tal. Además, tenemos la mala definición del personaje encarnado por James Caan, ya que nunca nos queda muy claro porqué empieza a desafiar a sus “patrones”. El desenlace en puntos suspensivos es, por lo menos, igual de problemático. ¿Se está en contra de la manipulación de las grandes masas?: parece que sí. Sin embargo, la solución propuesta por Gladiador del Futuro es seguir a un caudillo que ha logrado su liderazgo ¡gracias a la violencia y a los propios medios de comunicación! (No, no es López Obrador).
Como discurso político, pues, el filme es muy contradictorio, pero es imposible negar que, al mismo tiempo, es culposamente entretenido. Además, Houseman y Sir Ralph Richardson (en un pequeño papel) están magníficos y, no olvidemos, el jueguito de marras es morbosamente atractivo: ¡kranch!, ¡tuck!, ¡pow!.
DVD verseComentarios: ernesto@cinevertigo.com