EN CARTELERA

RITMO DE UN SUEÑO
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
En una de las entrevistas que vienen como extra en el DVD de Ritmo de un Sueño (Hustle and Flow, EU, 2005) –pues su estreno comercial en México se empató con su aparición en disco versátil digital-, su director, el sureño-virginiano Craig Brewer, dice que la idea del filme le llegó cuando, en alguna ocasión, se le acercó un proxeneta a ofrecerle una jovencita rubia que él traía en su auto. Según Brewer, ese chulo era completamente distinto al estereotipo de esa “profesión”: nada de joyas colgando, nada de vestimenta kitsch, nada de relojote en la muñeca. El padrote era un tipo cualquiera, sudado, con la camisa desfajada. Parecía más un chofer aburrido que un carismático “pimp”.

 Para ser francos, no sé si Djay (Terrence Howard, nominado al Oscar), el padrote pobretón que funge como protagonista de Ritmo de un Sueño, es un personaje cercano a la “dura realidad” que viven los sufridos proxenetas negros del sur americano, pero tengo la sensación –solamente eso- que el guión, escrito por el propio cineasta Brewer, ofrece un retrato ciertamente idílico de la relación que tiene un chulo con las prostitutas que maneja. Según lo que nos plantea el primer filme industrial de Brewer, un padrote como Djay no es un simple explotador de sus mujeres: es, más bien, su protector/chofer/administrador. Él vive de ellas pero ellas necesitan, por distintas razones, de él. No sé, insisto, si esto es verdad, pero esto es lo que plantea el cineasta/guionista Brewer de manera más o menos convincente.

 La trama de Ritmo de un Sueño no se trata, de hecho, del padroteo. O, en todo caso, no es su centro argumental. Sucede que Djay, quien “administra” tres muchachas –la inocentona embarazada Yevette/Elise Neal, la desafiante negraza Lexus/Paula Jai Parker, la buenaza rubita Nola/Taryn Manning- redescubre en sí mismo un dormido talento musical de tal forma que, con la ayuda de un excompañero de escuela e ingeniero de sonido (Anthony Anderson en un papel serio) y un flacucho más blanco que la leche (DJ Qualls) crea varias canciones de hip-hop con las que pretende salir de la mediocridad, el anonimato, la pobreza, el olvido. Y es que, como dice el tema de la cinta (ganadora del Oscar, por cierto, a Mejor Canción Original), “es difícil allá afuera para un chulo”.

 Más allá de la posible dulcificación de los padrotes, la película es difícil de resistir. Además de su impecable reparto –en el que brilla Howard, impresionante en su primer papel protagónico-, tenemos también una dirección inspirada del debutante industrial Brewer, quien explora/explota con verosimilitud personajes y escenarios bien conocidos por él. Y en lo que respecta a la visión del mundo creativo del hip-hop, hay que aclarar que, aunque ésta parezca muy novedosa, en realidad no es más que una puesta al día de las antiquísimas fórmulas musicales/melodramáticas del Hollywood de los años 30. Es decir, Djay es un músico innato que sueña con salir de la miseria y, para ello, tendrá que vencer mil y una dificultades como antes lo hicieron todos los bailarines/músicos/compositores del Hollywood de hace siete décadas.

 De cualquier manera, debo confesar que perdoné estos convencionalismos argumentales por la fuerza visual de la película, el notable trabajo de todos sus intérpretes y porque, ni modo, las canciones hip-hop que “compone” Djay me parecieron, shame-on-me, muy pegajosas.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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