DVD verse
RIE
Ernesto Diezmartínez GuzmánSorpresas te da la vida en los botaderos de los videoclubes y los supermercados. Ahí me encontré con Ríe (Tu Ridi, Italia, 1998), el décimo-sexto largometraje de los hermanos cineastas toscanos Paolo y Vittorio Taviani, olvidados desde hace rato por nuestros distribuidores fílmicos nacionales, pues su cine, desde Las Afinidades Electivas (1996), permanece inédito comercialmente en este país. De hecho, hasta donde sé, Ríe nunca se estrenó formalmente en México –más allá de los circuitos culturales, por supuesto- y el DVD en el que está disponible es un modesto disco sin extras, con sonido estéreo pero, por lo menos, formato widescreen.
Sobre dos relatos de Luigi Pirandello –los Taviani ya habían trabajado con material del Premio Nobel 1934 en una película anterior, Kaos (1984)- he aquí una cinta dividida claramente en dos partes: la primera, “Felice”, cuenta la melancólica historia de un barítono (espléndido Antonio Albanese) que tuvo que dejar de cantar por cuestiones de salud, y ahora trabaja en la ópera como empleado contable. Felice –ése es el nombre del personaje- ríe dormido todas las noches, lo que causa los celos de su mujer (Elena Ghiaurov), que piensa que él ríe porque recuerda a alguna mujer que ama. Cuando el pobre diablo sepa la razón de su risa, ello lo encaminará a tomar una decisión aparentemente irracional, no sin antes darse el gusto –y dárnoslos a nosotros- de interpretar una aria de L’italiana in Algeri, de Rossini El desenlace nos deja con un sentimiento ambivalente: una sonrisa en el rostro y una vaga tristeza íntima.
La segunda, “Dos Secuestros”, está ubicada en la Italia contemporánea –“Felice” estaba ambientada en la Italia prefascista-: un hombre (Lello Arena) ha plagiado a un niño como forma de amenazar al padre de éste para que no hable a la policía. No sabemos nunca la razón exacta del secuestro (¿el papá es miembro de la mafia?), pero sí entendemos que entre el hombre y el niño ha surgido una relación estrecha, casi familiar (de hecho, el muchacho llama tío a su secuestrador, juegan descalzos al fut, comen lo que el niño quiere, etcétera). Cuando los dos llegan a las faldas de un monte en Agrigento –la ciudad natal de Pirandello, de hecho-, el hombre le cuenta al niño lo que sucedió en ese mismo lugar hace cien años, cuando tres hombres secuestraron a un amable doctor (Turi Ferro) al que luego no pudieron liberar. La segunda parte de la cinta deja el mismo sabor de boca que la primera, aunque aquí el fatalismo pirandelliano es mucho más marcado y el desenlace cruel, abrupto, no deja lugar a la esperanza.
Como toda cinta de episodios, Ríe no puede evitar ser dispareja (la primera parte es más lograda que la segunda) y uno termina preguntándose cuál fue la razón por la cual los Taviani eligieron ese par de relatos de Pirandello y no otros. Sin embargo, con todo y estos peros, se trata de un filme digno de ser revisado, pues la obra de los grandes maestros contemporáneos –incluso la “menor”- siempre es preferible a los churros veraniegos que durante esa temporada nos acorralan, implacables, en la cartelera.
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