EN CARTELERA
NOCHES PÚRPURA
(***)

Ernesto Diezmartínez Guzmán
Wong Kar-wai siempre vuelve al mismo sitio. O, más bien, nunca sale de ese lugar. Toma una historia, unos personajes, unos encuentros/desencuentros y hace una película con todo ello. Pero, en el camino, le sobran esa situación, esa secuencia, aquel personaje. Y con esas sobras, hace otra cinta… Y si haciendo la anterior no encuentra cómo terminarla, mejor empieza otra historia y deja pendiente la finalización de la segunda. En algún momento la terminará… o hará un corto con ella. O la usará para otro largometraje.

 La lógica de trabajo de uno de los más grandes estilistas fílmicos de finales del siglo XX e inicios del XXI es tan errática como los ires y venires de sus propios errabundos personajes. Así que si su injustamente ninguneado noveno largometraje Noches Púrpura (My Blueberry Nights, China-Hong Kong-Francia, 2007) salió de lo que le quedó en el tintero a Wong de Chunking Express (1994), no hay razón alguna para extrañarse.

 Estamos en un Nueva York que no existe más allá de un pequeño bar/café regenteado por el amabilísimo Jeremy (Jude Law, relajado), quien sirve alguna cerveza, un café y un buen pedazo de pay a sus selectos (y contados) clientes. A ese changarro (pariente cercano del “Midnight Express” de la ya mencionada Chunking Express) llegará Elizabeth (la cantante Norah Jones en su cumplidor debut fílmico), recién abandonada por su novio. Después de probar el pay de arándano (el blueberry del título en inglés), echarse varios alcoholes y sostener varias encendidas pláticas con Jeremy, Elizabeth decide salir de la Gran Manzana y viajar por el oeste americano: primero a Memphis (en donde se topará con una trágica historia de amor matrimonial), luego a algún pueblo de Nevada (en donde se topará con la jugadora compulsiva Natalie Portman), hasta llegar a la babilónica Las Vegas, de donde partirá para regresar al lugar de donde salió… Y en donde la esperarán un plato, unos cubiertos y un generoso pay de arándano.

 Noches Púrpura es, sin duda, un Wong “light” y el cineasta es el primero en aceptarlo y en ponerse en evidencia. No sólo la estructura narrativa es idéntica al díptico Chunking Express/Ángeles Caídos (1995), sino que la puesta en imágenes es la del Wong de siempre: ralentí por aquí, time-lapse por allá, colores saturados, luces de neón,  personajes que ven y se deja ver a través de cristales, a lo lejos, entre pasillos, entre cortinas… Pero no seré yo quien se queje porque Wong ronda el autoplagio en su primer filme rodado en inglés. Después de todo, cuando uno ha quedado prendido por sus tortuosas historias de amor, uno siempre desea ver la misma cinta una y otra vez. Y en eso, Wong satisface nuestras expectativas.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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