CINE NACIONALPROMESAS
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Ernesto Diezmartínez GuzmánPromesas (Promises, EU, 2001), el documental dirigido por el israelí-americano B. Z. Goldberg, la sudafricana-americana Justine Shapiro y el mexicano Carlos Bolado, fue presentado hace varios años en la Muestra de Cine de Guadalajara, luego programado en el 22do. Foro de la Cineteca y, finalmente, pasó como exhalación en la cartelera comercial. Por fortuna para aquellos que no tuvimos oportunidad de revisar en su momento este documental (nominado al Oscar 2002 y ganador en festivales como Locarno, Rótterdam, San Francisco y Vancouver, entre otros), Nu-Visión ha puesto a la venta y renta en Región 4 el Disco Versátil Digital respectivo. Aunque no tiene muchos extras –galería de fotos y una sección noticiosa sobre el conflicto árabe-israelí--, la cinta vale mucho la pena por sí misma.
Filmada entre 1997 y 2000 en la franja occidental de Gaza y sus alrededores, Promesas es un documental centrado en la vida, las ideas, opiniones, deseos, sueños y odios de 3 niños palestinos y 4 niños judíos que prácticamente son vecinos (unos viven en un campo de refugiados en Gaza; otros muy cerca, a unos cuantos minutos de distancia) pero que, por supuesto, no se conocen. Shapiro –quien fue la que concibió la idea--, Goldberg (quien creció en la zona y se ganó la confianza de los niños entrevistados) y Bolado (quien entró en el proyecto al último pero que fungió como experimentado editor que es) nos entregan un retrato difícil, complejo y no exactamente esperanzador del conflicto judío-palestino. En todo caso, lo que logran es mostrarnos las encontradas individualidades de sus niños y, por ende, de sus familias: frente a una niña palestina llorosa con su padre periodista en una cárcel de alta seguridad tenemos a un niño judío-americano pragmático pero educado en la religión ortodoxa o a dos gemelos también judíos pero criados en una familia secular o a otro niño palestino que desea apedrear a todo los judío o a otro infante de mirada dura y transparente que quiere crecer para convertirse en soldado y, por supuesto, matar terroristas palestinos.
Es apenas obvio: mantener el equilibrio en un conflicto como éste –en donde los excesos, las radicalizaciones, el terror y el crimen no son exclusivos de un solo bando—es imposible. Y aunque Shapiro y Goldberg son judíos, acaso por su condición laica y secularizada, su simpatía parece estar más cerca de los palestinos que de sus contrapartes judías. No es esto un reproche, por supuesto, porque al final de cuentas Promesas no pretende ser un ensayo político-histórico, sino apenas un testimonio de vida. En todo caso, un servidor no terminó muy esperanzado en ese convencional desenlace con los niños árabes y judíos jugando un juego de soccer. La verdad es que la vida es más complicada que un juego de fútbol y el propio documental de Shapiro, Goldberg y Bolado nos lo recuerda.
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