LAS VACAS SAGRADAS

LOS PRIMOS
(****)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Los Primos (Les cousins, Francia, 1958), segundo largometraje de Claude Chabrol, es un encendido homenaje al cine de Alfred Hitchcock, más en la forma (visual, cinematográfica, narrativa), que en el fondo. Charles (Gérard Blain) llega a París, proveniente de la campiña francesa. Va a vivir con su amoral y desmadroso primo citadino Paul (Jean-Claude Brialy) y a estudiar en la Facultad de Derecho de la Sorbonne. Todo le va a salir mal al “puro” Charles en el entorno decadente de su primo: se enamorará de Florence (Juliette Mayniel), sólo para que ella termine acostándose con Paul, quien la botará algún día cuando ya estén aburridos uno del otro; reprobará el examen final a pesar de su laboriosa preparación y dedicados estudios, mientras el borrachales Paul pasará el suyo sin mayor problema; y, finalmente, una bala que iba dirigida a su primo se alojará en su pecho, dándole muerte de la manera más absurda, gratuita y cruel que uno se puede imaginar.

Diestro en el manejo de los espacios y con la cámara como un personaje vital más, Chabrol desciende en línea directa de la elegante línea narrativa del mejor Hitchcock: largos y sinuosos dollys laterales siguiendo a los personajes, acercamientos o alejamientos súbitos de la acción, planos secuencia resueltos sin alarde obedeciendo más a la funcionalidad que a un tour de force vacío, son los elementos narrativos (estrictamente cinematográficos) que utiliza Chabrol. Pero la riqueza del cine de Chabrol no descansa (no solamente) en la forma, sino en el ambiguo fondo de sus historias.

Al igual que  Hitchcock, Chabrol juega con la dualidad (el bueno y el malo, el perverso y el limpio, el puro y el demoniaco) pero a diferencia del maestro inglés, Chabrol no saca conclusiones moralistas de ello. Hitchcock -como Buñuel- es un cineasta católico, preocupado por la culpa y la moral; Chabrol es un cineasta-cronista que gusta ver las cosas de lejos, sin juzgar. No es un moralista y su cine tiene  más bien un desencantado tono amoral.

En Los primos "el bueno", Charles, es el menos interesante de los dos protagonistas: es aburrido, cuadrado, mediocre estudiante, nada comprensivo, egoísta en su "pureza". "El malo", Paul, es divertido, perverso, inmoral, despreocupado, inescrupuloso. Lo que obtiene Charles al final, no corresponde a lo que "en justicia" debería recibir: muerto por una bala que él había colocado en el cilindro de un viejo revolver con el cual le había disparado a Paul, dormido, en un enfermizo juego vengador de "ruleta rusa".

Pero es imposible olvidar un detalle adicional: en el climático y sorpresivo final, cuando Paul dispara accidentalmente hacia Charles, se escucha insistente como telón de fondo "Tristán e Isolda" de Wagner. La encendida música buñueliana acompaña la agonía de Charles y el estupor de Paul; en ese momento, la cámara se desliza hacia la derecha, en un preciso paneo, enfocándose en un tocadiscos: lo que hemos estado escuchando es un long-play de Wagner, el cual al terminar, rechaza automáticamente el brazo de la aguja, que se mueve hacia su posición original. Recordemos: esta música proviene de un ele-pe; esta película, del proyector que tenemos atrás. Lo que hemos visto es sólo una película; es sólo cine; es sólo un cuento, una historia más. Pero qué historia.


LAS VACAS SAGRADAS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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