CINE NACIONAL
PERFUME DE VIOLETAS
(***)
Ernesto Diezmartínez GuzmánMaryse Sistach es una de las pocas cineastas mexicanas contemporáneas (¿o será la única?) que puede presumir una carrera cinematográfica constante, con todo y alzas y bajas. Debutante con la sensible cinta feminista Los Pasos de Ana (1988), Sistach ha explorado con fortuna la comedia juvenil (Anoche Soñé Contigo, 1992) y el documental autobiográfico (La Línea Paterna/1995, dirigido con su esposo José Buil), y ha tropezado con un fallido melodrama revolucionario, El Cometa (1998). En Perfume de Violetas, Nadie te Oye (México, 2000), la cineasta partió de un hecho de nota roja para construir un espléndido melodrama sobre el abuso sexual, la cultura machista y todas sus implicaciones sociales y culturales.
Sin afán didáctico y mucho menos moralizante, Sistach -a partir de un guión de su marido José Buil-muestra la vida de dos adolescentes cualesquiera, Jessica (espléndida Ximena Ayala, ganadora del Ariel por esta actuación) y Miriam (Nancy Gutiérrez), que viven en un barrio popular del de-efe en familias aparentemente muy distintas, aunque igual de disfuncionales. La primera habita con su endurecida madre (María Rojo, muy en su papel) y su padrastro, y vive en constante pelea con su hermanastro (Luis Fernando Peña), quien trabaja como “chícharo” en una pesera. La segunda es hija de una empleada de una zapatería (Arcelia Ramírez, excelente) y al no tener figura paterna en su hogar, su joven y sobreprotectora madre tiene que jugar los dos papeles para ella. Las dos muchachas entablan amistad cuando Jessica llega a la secundaria de Miriam a la mitad del semestre, por haber sido expulsada de su anterior escuela. Esta amistad se pondrá a prueba cuando Jessica se robe un frasco de perfume de violetas, dejando detrás a su amiga, y más aún cuando Miriam vea cómo Jessica es violada con la complicidad del odiado hermanastro de ésta.
Ninguno de los personajes de este filme es tratado como un monstruo y Sistach nunca se solaza en el miserabilismo de su historia (como Ripstein en su cine de los 90) y nunca banaliza los problemas de sus criaturas (como Cuarón en Y Tu Mamá También/2001). Vemos, por ejemplo, cómo el hermanastro de Jessica compra unos zapatos tenis con los 500 pesos que le dieron por ayudar a violar a la muchacha, y Sistach no se atreve a dirigir la fácil condena del espectador hacia él. Vemos también cómo la madre de Miriam desecha rápidamente ayudar a Jessica, pues la considera, de entrada, una puta (“de seguro dio pie para que le pasara eso”), desnudándose así la perversa educación machista que pervive entre las propias mujeres. Vemos, sin que esto signifique ninguna contradicción dramática, que la madre de Jessica puede tener un gesto de cariño hacia ella y días después correrla a gritos por creer -sin escuchar razones-que está vendiendo su cuerpo. Jessica misma no es un angelito: juega con el sexo como cualquier adolescente destrampada de su edad y no piensa en las consecuencias de sus decisiones (cuando roba el perfume, cuando toma el dinero ahorrado por la mamá de Miriam).
Sistach no alecciona ni advierte. No deja un mensaje fácil para asirse a él. No echa rollos. Su estilística, dependiente de la historia que se cuenta, no cae en tentaciones preciosistas, no se esconde detrás del estilo “pusmoderno” de moda (como González Iñárritu y sus Amores Perros/2000), no trata de venderse como “cine de calidad”. Sencillo, honesto, directo al hígado y al corazón, Perfume de Violetas se queda en la memoria en ese conmovedor y terrible desenlace que, aunque tiene ecos del soberbio thriller psicológico El Talentoso Mr. Ripley (Minghella, 1999), se eleva por derecho propio con su espléndido final de guillotina.
CINE NACIONAL Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
* Palomera + Churrito ++ ChurroteComentarios: ernesto@cinevertigo.com