CINE NACIONAL
EN EL PARAISO NO EXISTE EL DOLOR
(**1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánEn el Paraíso no Existe el Dolor (México, 94), fue la notable "opera prima" de Victor Saca, cinta producida por el Estado, y enlatada por extrañas razones durante varios años hasta que fue exhibida, en los estertores del zedillismo, en algunas salas comerciales de la capital del país. De vez en cuando, por cierto, se programa en la televisión cultural y de paga en algún horario lo suficientemente nocturno como para asegurarse que nadie la vea.
Manuel (Fernando Leal) y Marcos (Miguel Angel Ferriz) ven cómo un tercer amigo, gay como ellos, muere a causa del SIDA. Después de cremar el cuerpo de Juan, el compañero nunca visto en la pantalla, Marcos sufrirá una terrible depresión con peda y desgarramientos varios incluidos, mientras Manuel terminará internándose sin proponérselo en el submundo de la zona de tolerancia de Monterrey.Los puntos a favor de un filme que hay que rescatar del ninguneo: una narrativa ágil, funcional, a ratos elegante de Victor Saca; el retrato respetuoso del mundo gay; las meritorias actuaciones sobrias y contenidas de los dos protagonistas (nada de maricones pintados o locas desatadas: los gays de Saca son dos muchachos comunes y corrientes); la crónica de la visita de Manuel a la zona roja regiomontona, una de las secuencias con mayor impulso realista que se haya visto en el cine mexicano de los 90.
El punto en contra: el guión. En pocas palabras: la cinta carece de centro argumental. De hecho, la mejor parte del filme --la visita de Manuel a la zona roja ocultándose de la policía por haber matado a un violento "chichifo"-- aparece como un pegoste a la supuesta historia principal: la muerte del amigo gay a causa del SIDA.
Al final de cuentas, el centro argumental no es ni el SIDA ni la visita al infierno que hace Manuel, sino el gozo por vivir la vida. La anciana mamá de Manuel (Evangelina Elizondo) coquetea con su otoñal novio, a Marcos se le pasa la depre tomándose una chela y Manuel quema las pertenencias de Juan. Al parecer los dos amigos seguirán el ejemplo de los cantantes de la ópera La Traviata, que en una adaptación animada, están viendo los dos en la tele. Junto a los personajes de Verdi, Marcos y Manuel parecen cantar: "Libiamo, libiamo..." Y nosotros cantamos con ellos, qué caray.
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