LAS VACAS SAGRADAS

LA CAJA DE PANDORA
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
La Caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, Alemania, 1929), del cineasta austriaco Georg Wilhelm Pabst (1885-1967), no es tanto una película expresionista, como algunos despistados afirman, sino más bien pertenece a la corriente realista de "La Nueva Objetividad", que emergió a mediados de los años 20 como respuesta al romanticismo expresionista. Según los cineastas de "La Nueva Objetividad" --y con ellos Pabst a la cabeza--, lo importante era plantear las relaciones humanas en términos directos y materiales, dejando de lado toda especulación psicológica ("¿Para qué necesitamos un enfoque romántico? La vida real es, de hecho, más romántica e inquietante que cualquier ficción", Pabs dixit).

Georg Wilhelm Pabst había iniciado su carrera artística en el teatro, como actor y luego como director, y había entrado al cine como guionista e intérprete a principios de los 20. En 1923 ya había dirigido su primera cinta expresionista, El Tesoro, aunque casi de inmediato abandonaría esa corriente para trabajar el mencionado realismo de "La Nueva Objetividad". En 1924 dirigiría su primera gran cinta, La Calle sin Alegría, un filme de corte naturalista que presentaría al público alemán a una tal Greta Garbo, una joven actriz que Pabst había descubierto viendo una modesta cinta sueca.

Después de dirigir varios éxitos --de crítica, de taquilla o de los dos-- en la etapa muda, entre ellos La Caja de Pandora, Pabst se adaptó con relativa facilidad al cine sonoro y trabajó con asiduidad en diferente géneros en el cine alemán de los 30. Sin embargo, problemas con la censura a raíz del filme antibélico Camaradas (1931), provocó que el austriaco decidiera mudarse a Francia, donde hizo tres películas --entre ellas una versión de Don Quijote--, ninguna tan importante como las que realizara años atrás. Invitado por la Warner Brothers, Pabst viajó a Hollywood a dirigir Un Héroe Moderno (1933), filme que no funcionó en taquilla y que hizo que regresara a Francia a dirigir un trío de películas más. En 1939 Pabst viajó a su natal Viena y al poco tiempo empezó a trabajar para la industria fílmica nazi, para la cual hizo un par de cintas. El hecho de que Pabst fuera el único gran cineasta austriaco-alemán de la entreguerra que trabajara para los nazis manchó para siempre su filmografía, aun cuando no hay evidencia alguna que Pabst colaborara directamente con el nacionalsocialismo. Después de la guerra, Pabst seguiría dirigiendo cine hasta 1957, aunque nunca logró rozar la grandeza de sus primeros años.

La Caja de Pandora --si no su obra maestra por lo menos su película más conocida-- está basada en un par de obras teatrales de Frank Wedekin que giran alrededor de Lulú, uno de los más fascinantes personajes femeninos del cine de todos los tiempos, encarnado aquí por la bellísima Louise Brooks, en su papel definitivo.

La americana Brooks había hecho alguna película para Howard Hawks en Hollywood (A Girl in Every Port/1928) que Pabst había visto en Alemania. Fascinado por su belleza y su presencia fílmica, el austriaco le ofreció el rol estelar de La Caja…, un sombrío melodrama sobre una devoradora, Lulú, que atrae la desgracia sobre todo hombre que llega a interesarse en ella.

El filme está dirigido de forma deslumbrante por Pabst. Son notables, por ejemplo, la secuencia perfectamente coordinada de la acezante actividad detrás del escenario en donde Lulú aparecerá como corista, el oscuro montaje del decadente casino donde Lulú se esconde de sus perseguidores, o la ya legendaria escena final, en donde la infatigable Lulú se topa con el mismísimo "Jack El Destripador".

Aunque en el tono general de la cinta domina el naturalismo proveniente de "La Nueva Objetividad", Pabst usa sin mayor problema algunos elementos estilísticos expresionistas, sobre todo en la iluminación, dominada por las manchas y los claroscuros. Sin embargo, en donde algún cineasta expresionista hubiera caído en la tentación de expresar a través del escenario estilizado o de las actuaciones desbordadas, la actitud diríase depredadora de Lulú, Pabst, al contrario, opta por mostrar con neutralidad distanciada las actitudes de su heroína. A diferencia de la típica devoradora fílmica (Dietrich, Félix et al), la Lulú de Pabst (y de Brooks, por supuesto) es más bien un primitivo animal sexual, más ingenuo y libre que perverso, lo que lo hace más peligroso y más inquietante a la vez, pues no es un instrumento del mal sino una simple fuerza de la naturaleza.

Por supuesto que Lulú sería impensable --e imposible-- sin Louise Brooks, sin esa mirada, sin esa sonrisa, sin ese peinado (que luego, por cierto, sería imitado/homenajeado por varias divas y aprendices de ello). Y, finalmente, Brooks no existiría como icono definitivo del cine mudo sin Pabst y el retrato perturbadoramente erótico que realizó de ella: su espalda larga y desnuda, el imponente inicio de sus senos, sus hombros lisos y redondeados... ¿Quién, ahora, tiene la fuerza de Louise Brooks?


LAS VACAS SAGRADAS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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