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LOS PADRINOS


Ernesto Diezmartínez Guzmán
¿Cuántas veces he visto la trilogía de El Padrino (Coppola, 1972/1974/1990)? Honestamente, no lo sé. Las he visto en el cine, en la televisión en forma de teleserie, en formato casero en VHS y, últimamente y varias veces en DVD, en el magnífico paquete de la Paramount formado por cinco discos (uno del primer filme, dos del segundo, uno del tercero y otro de extras).

 No pretenderé reseñar aquí El Padrino y sus secuelas –en mi opinión, las dos primeras cintas son no sólo las más grandes películas hollywoodenses de los años 70, sino dos de las mejores películas en la historia del cine estadounidense— sino, en todo caso, revisar las bondades del citado paquete de la Paramount, disponible para su venta desde hace mucho tiempo en las tiendas especializadas.

 Además de lo elemental –sonido dolby digital, widescreen, imagen impecable— la Colección El Padrino ofrece, entre sus extras, un largo documental detrás de las cámaras, las muchas escenas adicionales que fueron vistas en la edición televisiva cronológica de 1981, las biografías de los personajes y el elenco, los típicos avances de cine y una galería fotográfica, además de los discursos de aceptación del Oscar de 1972 y 1974 (falta, por cierto, el “pancho” provocado por Brando cuando rechazó la estatuilla en 1972).

 Lo más interesante de todo, sin embargo –además de las propias cintas, but of course--, resulta ser el entretenido, inteligente, articulado y, en última instancia, fascinante comentario en audio de Coppola a lo largo de los tres filmes. Sin duda, junto con Scorsese y Ridley Scott, Coppola es el mejor “comentarista” de películas que me ha tocado escuchar en DVD. Más allá de los chismes y las muy divertidas anécdotas que cuenta (las bromas pesadas que hacía Brando en la filmación o la forma en la que Al Pacino y James Caan trataban de impresionar a Marlon en los ensayos), los comentarios de Coppola son una absorbente conferencia/confesión de cómo hacer cine (entiéndase arte y negocio) en las entrañas del monstruo hollywoodense.

 Con calma, sin subir nunca el tono de su cálida voz, Coppola cuenta cómo llegó a dirigir el primer Padrino, cómo luchó para que Marlon Brando y Al Pacino estuvieran en el proyecto, qué tan cerca estuvo a punto de ser echado de la filmación por los ejecutivos de la Paramount, lo traumática que fue la dirección de la primera película (una de sus peores experiencias, afirma) y, luego, después del éxito económico y artístico, la libertad ganada para hacer, en El Padrino II, todo lo que quiso. O casi…, pues Brando se negó a repetir su papel por venganza hacia la Paramount que no le había pagado lo que él quería en la primera cinta, además de la ausencia de Richard Castellano (Clemenza), quien puso condiciones inaceptables (por ejemplo, llevar a su propio guionista para que le escribiera los diálogos) por lo que no fue contratado para la secuela. Y, finalmente, Coppola nos relata, con más aceptación que amargura, cómo el poder se le fue de las manos en la tercera parte, un proyecto más bien de los estudios y no de él, por más que haya deslizado, al final, su gran objetivo: castigar de forma devastadora a Michael Corleone, su obvio alter-ego por más que él parezca no darse cuenta.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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