EN CARTELERA
LOS OSOS DE LA MALA SUERTE
(* 1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánSegún el veteranísimo cinecrítico del The New York Observer Andrew Sarris, no habría razón para quejarse de los remakes fílmicos. Después de todo, cada interpretación de una sinfonía de Mozart o cada puesta en escena de una ópera de Verdi o de una pieza teatral shakespeariana son también, técnicamente hablando, “refritos” de la primera ejecución sucedida mucho tiempo atrás. La afirmación de Sarris conlleva el mensaje de que un remake, por el hecho de serlo, no necesariamente es despreciable. Y acaso tiene razón: al fin y al cabo, cada época nos puede ofrecer una nueva interpretación de una misma trama.
Pero, ¿cuál es el sentido cuando la historia que se cuenta es básicamente la misma? O sea, ¿para qué molestarnos en ver la misma trama interpretada por otro reparto? Pues por eso mismo: por el nuevo reparto. Los Osos de la Mala Suerte (Bad News Bears, EU, 2005), remake de la homónima cinta dirigida por Michael Ritchie en 1976, es una fidelísima copia de aquella película en donde un gruñón y alcoholicazo Walter Matthau accede a entrenar a un grupo de niños en un torneo infantil de baseball.
La historia, insisto, es idéntica –incluso se repite la toma final del campo de juego con la bandera estadounidense hondeando en el encuadre y se vuelve a usar ad-nauseum el aria Toreador de Bizet en la banda sonora—y el grupo de niños es más o menos el mismo: un par de mexicanos que no hablan inglés, un gordazo que traga todo el tiempo, un chaparro bravo como él solo, un delincuente juvenil y hasta una niña que tira durísimo. La gran variante en esta nueva versión se llama Billy Bob Thornton.
El ex de la Jolie nos entrega aquí una muy disfrutable actuación que, sin que olvidemos por ello al desgarbado couch de Walter Matthau, sí logra de todas maneras imprimirle su propia personalidad al mismo personaje. Borrachales, malhablado, vulgar e ignorante (“--¿Qué tipo de nombre es ese, azteca?”, --“No, armenio”, “—Es lo mismo, nomás se llevaban haciendo pirámides”), Thornton trabaja con precisión hipnotizante una pequeña variación de su misántropo y alcohólico ladrón de Un Santa No tan Santo (Zwigoff, 2003). Y, como en esta última cinta, este desobligado, dipsómano y perdedor demostrará, tarde que temprano, que está en busca de un hijo adoptivo (en este caso, una novena de baseball infantil) para recuperar un poco la dignidad perdida.
Parece sermón pero no lo es. Como en el filme original –que causó cierto escándalo entre las buenas conciencias en su momento—los niños beisbolistas que vemos en pantalla son groseros, problemáticos, peleoneros (o sea, parecen niños auténticos) y dicen sus escatológicas líneas con una regocijante seguridad. Por lo demás, la realización del siempre sorprendente Richard Linklater –siempre con un pie en el cine independiente y otro atado a los grandes estudios—es correcta, limpia y funcional. Sin duda, un mero trabajo alimenticio, como diría Buñuel, pero muy digno y, mejor aún, bastante divertido.
Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
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