LAS VACAS SAGRADAS


ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Ese Oscuro Objeto del Deseo (Cet obscur objet du désir, Francia-España, 1977) puede verse  no sólo como el testamento fílmico de Luis Buñuel, sino una de las películas más graciosas y significativas de su carrera. Durante un trayecto por tren, el cincuentón y elegante caballero Mathieu (Fernando Rey) cuenta a sus compañeros de viaje los problemas amorosos que ha tenido con una bella muchacha española llamada Conchita (Angela Molina y Carole Bouquet). Básicamente, ésta es la trama.

 Cinta-summa buñueliana, Ese Oscuro Objeto del Deseo había sido un plan largamente acariciado por el cineasta hispano-franco-mexicano y que, a confesión propia, estuvo a punto de filmar en México con Silvia Pinal y Ernesto Alonso. La historia, basada en una novela francesa, La mujer y el pelele, de Pierre Loüys, es la crónica de una obsesión amorosa, de una relación sadomasoquista, de un amor enfermizo, es decir, una relación común y corriente entre un marido y una mujer.

Mathieu desea desde el primer instante a Conchita y ésta parece corresponderle. Pero no es así. La unión nunca se llevará a cabo, por lo menos en el tiempo en el que vemos la película. Como en otras cintas de Buñuel he aquí un sueño o un deseo imposible de cumplir. Mathieu no poseerá a Conchita, como aquel ocioso burgués que no pudo matar a nadie en Ensayo de un Crimen o como el grupo de personas que no podía salir de la habitación en El Ángel Exterminador o como aquel otro grupo de gente que no podía cenar en El Discreto Encanto de la Burguesía. La frustración del deseo, no la realización del mismo, interesó siempre al aragonés; en Ese oscuro... la novedad es que Buñuel llevó el tema al terreno amoroso.

Dos aspectos enriquecen la cinta. El primero, el hecho de que don Luis haya escogido a dos actrices para hacer el papel de Conchita. Una decisión arbitraria típica de Buñuel que puede tentarnos a interpretar este gesto como un símbolo: dos actrices tan distintas personificando a la misma muchacha simbolizan a la mujer en general. La interpretación es válida, por supuesto, pero muy obvia. En realidad, como muchos otros signos vacíos en la filmografía de Buñuel (la célebre cajita de Viridiana, el saco que a veces carga Mathieu en Ese Oscuro..., la gallina negra que mira fijamente a Katy Jurado en El Bruto), el hecho que aparezcan dos actrices haciendo el mismo papel puede ser "leído" de múltiples formas y, también, de ninguna ("No hay explicación racional": Buñuel dixit).

El otro aspecto es que de principio a fin de la película se desarrollan una serie de atentados terroristas que, si somos estrictos, no agregan nada argumentalmente a la historia principal (la de Mathieu y Conchita) pero que, como es costumbre en Buñuel, la da otra dimensión a la trama. El mundo es arbitrario y caótico; no sabemos qué nos va a pasar ni cuando. Nuestra propia existencia (como el deseo de Mathieu por Conchita) es banal, exactamente como los propios actos terroristas a los que nadie hace mayor caso. Pero ya estoy interpretando otra vez. Ni modo: deformación profesional.


LAS VACAS SAGRADAS

Escala de Calificación

**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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