EN CARTELERA

SUEÑOS DE ORQUESTA
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Verano de 2007: con salas repletas de ogros verdes, cuartetos fantásticos, piratas caribeños y demás, es un milagro que se esté exhibiendo en México, en solitarias salas de provincia, la encantadora “comedia de boulevard” Sueños de Orquesta (Fauteuils d’Orchestre, Francia, 2005), tercer largometraje de la veterana guionista convertida en cineasta Danièle Thompson, de quien vimos –y reseñamos en REFORMA- su cinta anterior, Jet Lag (2002).

 Sueños de Orquesta es una película desvergonzadamente anacrónica. Representa, en el mejor sentido del término, el afán escapista de un tipo de cine que no desea más que ser mero entretenimiento para, dirían los clásicos, solaz de nuestras maltrechas almas, desgarradas por la narco-política, la narco-economía, la violencia rampante y la estupidez en todas sus infinitas manifestaciones.

 El filme tiene como protagonista a una amable e ingenua provinciana, Jessica (Cécile de France, de la espléndida gore-movie El Despertar del Miedo/Aja/2003) que llega a París a trabajar como mesera en el “Café des Théâtres”, un pequeño café que está en plena Avenue Montaigne, junto a salas de concierto, galerías de arte y teatros. Sus clientes son, por lo tanto, artistas, actores, directores de cine y teatro, coleccionistas de arte y hasta –en otra categoría en donde sólo él cabe- Alain Delon (“no todos los días, pero viene”).

 En este ambiente se mueve la simpática y bonita Jessica, quien muy pronto hace migas con un grupo de personajes emblemáticos del lugar y se involucra en sus problemas sentimentales/existenciales: un celebrado pianista clásico (Albert Dupontel) que se siente agobiado por las demandas de su trabajo, administrado por su muy profesional esposa (Laura Morante); una popular actriz televisiva (Valérie Lemercier, muy graciosa) que está ensayando para encabezar una obra de Feydeau mientras trata de conseguir el papel de Simone de Beauvoir en una película dirigida por un cineasta hollywoodense (Sydney Pollack, nada menos); y un anciano coleccionista de arte (Claude Brassuer) que ha decidido deshacerse de toda la obra que ha atesorado a lo largo de los años (Modiglianis, Braques y demás) mientras vive con una guapísima mujer (Annelise Hesme) mucho más joven que él y trata de recobrar el amor de su alienado hijo (Christopher Thompson, hijo de Danièle y coguionista de la cinta).

 En un par de escenas claves de Sueños de Orquesta, tanto el director de la obra teatral en la que participa Lemercier como el cineasta americano encarnado por Pollack, aplauden el sentido directo y claro de los textos de Georges Feydeau: “son graciosos y simples, nada de psicología, comedia pura e ingeniosa”, dicen en algún momento los dos directores, el de teatro y el de cine. Es obvio que eso mismo puede uno decir Sueños de Orquesta.

 Sin duda, la película peca de sencillez y transparencia, y nos entrega el retrato de un París tan idealizado –tan bello, tan amable, tan encantador- que no sólo dan ganas de tomar el primer avión e irse a visitar Francia sino hasta pedir la naturalización de manera inmediata. Pero no nos quejemos: también tiene que existir este tipo de cine: no todo tiene que ser sufrimiento.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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