EL CINE QUE NO VIMOS
OFF SIDE
(**1/2)
Ernesto Diezmartínez GuzmánEl cine del iraní Jafar Panahi es apenas conocido en México y sólo en el circuito cultural. Es cierto que su opera prima, El Globo Blanco (1995), se exhibió en México, está disponible en DVD de Región 4 y ha podido ser vista hasta en la televisión cultural abierta, pero de ahí en adelante su obra ha permanecido comercialmente inédita en nuestro país. Por ejemplo, El Círculo (2000), su cuarto largometraje, fue exhibido en uno de los Festivales de Verano de la UNAM y en la televisión de paga y nada más.
Peor ha sido el destino de su sexto largometraje, Offside (Ídem, Irán, 2006), que ganó el Gran Premio del Jurado en Berlín 2006: sin estreno comercial o cultural en vista, apenas ha podido ser vista en la tele de paga o en DVD de Región 1.
Offside es la más accesible de las cintas de Panahi hasta la fecha y, por el hecho de que no fue prohibida en Irán –como sí lo fueron El Círculo y Crimson Gold (2003), sus dos películas anteriores-, algunos han dicho que el cineasta ha finalmente doblado las manos frente al régimen autoritario y clerical de su país. Nada hay de eso: de hecho, se sabe que Panahi tuvo que enviar a las autoridades gubernamentales un falso guión autocensurado para que aprobaran la filmación de la cinta y, al final de cuentas, dirigió la historia como originalmente la había concebido.
Estamos ante una subversiva y muy disfrutable película que roza con la comedia del absurdo. Hecha en vídeo en el estadio de Teherán cuando se llevaba a cabo un partido clave entre Irán y Bahrein para decidir el pase al Mundial de Fútbol, he aquí a media docena de muchachas vestidas como hombres que son capturadas y mantenidas lejos de las tribunas, pues los estadios deportivos están vedados para las mujeres. El centro del filme no será, por cierto, el trascendente juego fútbol, sino la interacción entre las seis muchachas y sus desconcertados carceleros, unos jóvenes soldados aún más inocentes e inexpertos que ellas.
El reparto, como de costumbre en buena parte del más conocido cine iraní, cuenta con actores no profesionales o con escasa experiencia, pero esto, en lugar de representar un fardo –como sucede con algunos experimentos de esta naturaleza-, nos permite disfrutar de una galería de interpretaciones tan frescas como memorables: la muchacha bravera que entró al estadio disfrazada no sólo de hombre ¡sino de soldado!, la jovencita que ha llegado al juego de fut como sentido homenaje a un amigo que perdió en la vida en un partido Irán-Japón que terminó en disturbios y muertes, el jefe de los soldados que añora volver a su pueblo a cuidar sus cabras en lugar de lidiar con estas rebeldes muchachas citadinas que no entienden de razones pero que entienden muy bien de panbol.
El triunfo que los aficionados iraníes celebran al final de la cinta es real –en efecto, Irán fue al Mundial pasando sobre Bahrein- y más real es el ambiente opresivo y misógino que se retrata en la cinta, entre chistes, pláticas y desencuentros entre las muchachas y los soldados. Y es que en algunas partes gritar gol puede resultar subversivo.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
**** Excelente *** Muy recomendable ** Vale el boleto o la renta
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