EN CARTELERA

MONSTER HOUSE: LA CASA DE LOS SUSTOS
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Monster House: La Casa de los Sustos (Monster House, EU, 2006) representa la segunda ocasión en la que se usa la novísima tecnología que captura los movimientos corporales y faciales de un grupo de actores que después serán convertidos en sendos personajes animados digitales. La primera cinta en la que se usó esta técnica fue El Expreso Polar (Zemeckis, 2004) –en realidad, ya había sido utilizada en la trilogía de El Señor de los Anillos (Jackson, 2001/2002/2003), pero sólo con el Gollum- y, ante el resultado obtenido en Monster House, no queda más que aceptar que esta suerte de “rotoscopio” del siglo XXI ha mejorado notablemente. En efecto: no sólo los rostros de los personajes parecen más reales –problema perenne del cine animado: la faz humana- sino que sus movimientos parecen cada vez más auténticos.

Sin embargo, más allá de las virtudes tecnológicas de la opera prima del joven maravilla Gil Kenan –contratado por los productores ejecutivos Zemeckis y Spielberg en cuanto el muchacho egresó de la UCLA-, hay que decir que el estatus de Monster House como la mejor película infantil de la temporada –en mi opinión, mejor que la sobre-trabajada Cars (Lasseter y Ranft, 2006) y muy superior a la inconsistente Vecinos Invasores (Johnson y Kirkpatrick, 2006)- se debe a que la trama, escrita por Dan Harmon y Rob Schrab, es sencilla, fácil de seguir, bien construida, además de que presume las dosis precisas de humor, aventuras y horror. Otro elemento más: sus tres protagonistas infantiles –el curioso DJ, su rechoncho amigo simpaticón Chowder y la bonita y segura de sí misma Jenny- se comportan como niños de verdad, no como la típica fuente de referencias cinefílicas dirigidas a los paterfamilias.

 Estamos en un suburbio americano cualquiera, acaso en los años 80. Se acerca Halloween y los inseparables DJ y Chowder temen que una malévola casa que parece tener perversa vida propia se coma –literalmente- a todos los niños que lleguen a pedir dulces a su porche. Con la ayuda de la sabihonda Jenny (¿por qué en las películas infantiles las niñas son siempre más inteligentes que los niños?: porque es una forma de preparar a los escuincles para que acepten la realidad), DJ y Chowder se enfrentarán a ese horrendo caserón, cuyas ventanas se convierten en ojos, cuya puerta se abre y se cierra cual feroz boca y cuya alfombra sirve para atrapar a sus víctimas a lengüetadas. Éstos son terrenos spielbergianos, por supuesto, así que todos los adultos (incluyendo a los papás) estarán ausentes o serán unos inútiles, por lo que nuestros héroes vivirán su aventura –que incluye la de crecer y la de empezar a balbucear cuando se está frente a la bonita pelirroja Jenny- completamente solos.

 Hay par de detalles dignos de mencionar: la maldición de la casa tiene una justificación gótico-romántica ejemplar –lo que matiza su maldad y hasta la explica- y el desenlace no implica que los niños han perdido su inocencia infantil. Al contrario: deciden quedarse, aunque sea un año más, en ella. Ojalá uno pudiera acompañarlos. Por lo menos en la oscuridad de la sala cinematográfica, así fue.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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