EN CARTELERA

LA MISMA LUNA
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
Estrenada simultáneamente en México y Estados Unidos hace más de un mes con un éxito económico impresionante –lleva casi 12 millones de dólares en la taquilla estadounidense y pasó de exhibirse de 266 a 453 pantallas en el país del norte, del 23 de marzo al 27 de abril y contando-, La Misma Luna (México, 2007), opera prima de Patricia Riggen, debe analizarse desde una perspectiva social, industrial o económica, más que estrictamente artística.

 Como obra de arte, no tiene nada que pudiéramos llamar notable. Su trama es tan convencional que cualquier espectador más o menos avezado sabe lo que va a suceder y en qué va a terminar la historia desde los primeros minutos de la cinta. Esto no es necesariamente malo, por cierto: los grandes melodramas familiares de la Época de Oro, por ejemplo, eran igualmente previsibles. El asunto es que la ejecución de la trama tampoco es nada de otro mundo: está decentemente realizada, eso sí, los recursos de producción son correctos y el reparto cumple sin mayores problemas con su cometido. No hay nada extraordinario, pues, en ella: estamos ante una cinta bien hechecita y no mal actuada por su experto reparto comandado por el veterano infante Adrián Alonso, la actriz televisiva Kate del Castillo y el comediante en papel serio Eugenio Derbez. Nada más, pero nada menos.

 No es en este terreno, sin embargo, en donde podemos encontrar la explicación del éxito económico de La Misma Luna. Conociendo el público a quien está destinado la cinta, el guión escrito por Ligiah Villalobos no entra en complicaciones narrativas –lo más audaz que se ocurre es la narración paralela griffithiana: el niño (Alonso) intentando llegar a Los Ángeles donde vive su mamá (Del Castillo); los sufrimientos y humillaciones que tiene que soportar la mamá en gringolandia- y la crónica que hace del problema de la inmigración ilegal mexicana es, por decirlo de manera amable, idílica.

 Del pueblito de donde salieron Adrián y su mamá no se ve miseria alguna (entonces, ¿para qué fregados se fueron de ahí?), la pollera del pueblo es una Carmen Salinas descafeínada, el chilpayate no tiene mayores problemas en cruzar la frontera y si aparece alguna amenaza inminente –un drogadicto lo vende a un explotador de infantes- por ahí saldrá Santa María Rojo a rescatarlo. El final del periplo del niño en busca de su mamá lo hará en compañía de otro ilegal (Derbez, convincente), quien será su virtuoso padre postizo, porque el verdadero dejará colgado al pobre escuincle.

 El chantaje sentimental es muy efectivo, tanto por las desventuras –que no lo son tanto- de Alonso, como por el ejemplo de dignidad y virtud que da Del Castillo en Los Ángeles: la “mamá coraje” trabaja en dos casas americanas (en una la tratan bien; en otra, mal), resiste la tentación de caer en los brazos de un amable chicano que puede darle la residencia y sufre rete-harto porque no tiene a su chaparro simpaticón y cantarín. La pareja madre-hijo, pues, no podía ser más luchona y ejemplar y, por lo mismo, cualquier  desenlace que no sea el climático encuentro entre los dos está descartado.

 Aquí está la explicación del éxito de la cinta: cuenta una historia simple y en un estilo limpio y amigable. Algo más: el filme nunca confronta al espectador con una realidad dura, apabullante: en la cinta se sufre, pero también se goza, sea cantando sabrosamente “La Abusadora” o platicando en una van con los mismísimos Tigres del Norte. Dicho de otra manera: estamos ante una astuta pieza del más tradicional y efectivo populismo cinematográfico nacional, cuyas raíces están en la memoria colectiva del público mexicano, acostumbrado a cintas similares de otras épocas, cuando el cine mexicano era una industria boyante, fuerte, poderosa.

 He leído los textos de algunos colegas que se han molestado por la cinta y su éxito económico. En lo personal, no me siento ofendido por el éxito de nadie y, mucho menos, por una película que, con todos sus defectos y servidumbres, cumple con su cometido: sirve para lo que fue hecha. Es bastante más de lo que se puede afirmar sobre muchas otras cintas mexicanas que me ha tocado ver en los últimos meses.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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