EL CINE QUE NO VIMOS
UNA MIRADA A LA OSCURIDAD
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Ernesto Diezmartínez GuzmánCriminalmente ninguneada en México, Una Mirada a la Oscuridad (A Scanner Darkly, EU, 2006), basada en la novela homónima y semi-autobiográfica de Philip K. Dick (1928-1982) y dirigida por Richard Linklater, sólo ha podido verse en nuestro país en la televisión de paga y en un buen DVD de Región 4 con multitud de extras.
La trama nos ubica en una sociedad del futuro reciente en la que existe una avanzada tecnología de espionaje usada para combatir la drogadicción. Así, por ejemplo, los policías cuentan con un “monotraje mezclador” que, al llevarlo puesto, las demás personas no pueden identificarlos ni recordar su rostro. El protagonista, interpretado por Keanu Reeves, es el desencantado policía secreto Fred, quien forma parte, encubierto, de un grupo de consumidores y distribuidores de drogas. Por aparentes azares del más paranoico de los destinos, Fred –o Bob Arctor, que es como se hace llamar frente a sus amigos junkies- se ve obligado a espiarse a sí mismo y a llenar, incluso, profusos reportes sobre sus propias actividades: con quién se reúne, a quién ve, con quién rivaliza, qué droga consume, de quién está enamorado...
En esta notable cinta de Linlkater se nos presenta, pues, una sociedad futura (¿o ya presente?) dividida entre “buenos” y “malos”: entre “junkies” y quienes no lo son; un Estado tecno-policial en el que todo mundo es espiado o puede ser un espía; un mundo en donde la diferencia entre “el bien” y “el mal” ha sido borrada por la confusión existencial y por el cinismo de un Estado absurdo y totalitario, cual perversa derivación de "El Hombre que fue Jueves” de Chesterton.
Linklater resultó ser el cineasta perfecto para traducir a la pantalla grande esta historia: logra que la interminable verborrea que escupen todos los personajes tenga un sentido a la vez desorientador (¿de qué hablan estos “junkies”?) y esclarecedor (¿de qué otra cosa podrían hablar un grupo de “junkies”?), encuentra la forma de aprovechar al máximo su reparto ad-hoc (las sobreactuaciones de Robert Downey Jr. y Woody Harrelson, la típica subactuación de Keanu Reeves) y usa la animación rotoscópica realizada sobre los propios actores –al estilo de su extravagancia filosófica Despertando a la Vida (2001)- no para crear un “bravo nuevo mundo” visual sino apenas, para subrayar tímidamente la distorsionada realidad en la vive el dividido –en más de un sentido- Fred/Bob.
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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