ESE CIERTO CINEMEDEA
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Ernesto Diezmartínez GuzmánAntes de que Lars von Trier se convirtiera en el provocador fílmico número uno con su propuesta de cine sin artificios (la ya célebre tramposona proclama “Dogma 95”) y su discutidísima trilogía del sufrimiento/sacrificio femenino (Contra Viento y Marea/1996, Bailando en la Oscuridad/2000, Dogville/2003), el cineasta danés más importante desde Carl Theodor Dreyer (1889-1968) había trabajado para la tevé de su país realizando una teleserie de culto –The Kingdom/Riget, (1994-1997)—y el extraordinario telefilme Medea (Ídem, Dinamarca, 1988), sobre un guión original de (nada menos) Carl Theodor Dreyer, basado en la tragedia de Eurípides.
El guión de Dreyer provino de un filme que el director de La Pasión de Juana de Arco (1928) no pudo realizar, así que von Trier, audaz y vivillo desde jovencillo, se dio a la tarea de “homenajear” al gran maestro, sin dejar de hacer un filme estrictamente personal, tal y como lo advierte el propio von Trier en un prólogo presentado por escrito en la pantalla. En efecto, aunque es posible detectar la influencia de Dreyer en algunos encuadres y en la manera en que registran los rostros frente a la cámara, Medea es un fascinante proyecto visual/auditivo que, sin exagerar, bien puede considerarse la primera obra maestra de von Trier.
Realizada en video, pasada luego a celuloide para después ser devuelta a video, la imagen de Medea es una suerte de lienzo inabarcado/inabarcable en donde von Trier y su camarógrafo Sejr Brockman experimentan con cambio de colores, degradaciones visuales y sobre-exposiciones varias, en una especie de apabullante post-expresionismo que nunca apabulla al drama. Al contrario: la puesta en imágenes resulta ser la contraparte perfecta para la tragedia de Medea (Kirsten Olesen), quien después de ser abandonada por el convenenciero Jasón (un jovencísimo Udo Kier), decide cobrar la más terrible de las venganzas: no matarlo a él, sino asesinar a todo lo que él ama… incluyendo los hijos de ella con Jasón.
El resultado visual, dramático y hasta auditivo (¡qué manera de manejar los diálogos y los silencios en la banda sonora!) quita el aliento: he aquí una de las adaptaciones de los clásicos más fieles al espíritu original y, al mismo tiempo, más revolucionarias y propositivas.
ESE CIERTO CINEEscala de Calificación
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