EL CINE Y SUS VOCES

ENTREVISTA
Luis Mandoki
Regresa a México con una bola de nieve


Por Javier Pérez

Luis Mandoki, director de la película Voces Inocentes, comenta las motivaciones
que lo llevaron a realizar una historia en medio de la guerra civil salvadoreña

Voces Inocentes no sólo marca el regreso a México del director Luis Mandoki. También es un reencuentro del realizador con historias que tienen mucho más que decir que la mera anécdota que se narra en la película, más en la línea de filmes como Motel que Acorralada.

Curtido en las producciones de los grandes estudios hollywoodenses, Mandoki ahora tuvo que ajustarse a un presupuesto limitado (que rebasó los 30 millones de pesos según datos del Fidecine) para filmar una guerra, aunque gozó de una libertad que no tiene en Hollywood: la escena en la que Chava arroja el radio al agua era de forma distinta en el guión, pero se arriesgó a hacerla tal y como se ve en pantalla.

Voces Inocentes ha ido cosechando sus logros. Fue la película más vista en El Salvador, incluso compitiendo contra Los Increíbles y La Gran Estafa (y con la mitad de copias). Y aunque no fue seleccionada en la terna final por el Oscar, el filme ya ha hecho ruido en los Estados Unidos y se negocia su exhibición comercial (porque, en palabras del cineasta, “esta película te dice lo que los medios nunca te dicen, sobre todo en Estados Unidos”).

Por si fuera poco, Amnistía Internacional ha tomado la película y quiere llevarla a la esfera política estadounidense, Susan Sarandon la consideró importantísima para agarrar la onda de la problemática de los niños en la guerra y pidió organizar una proyección en las Naciones Unidas, Unicef ya le tomó interés, lo mismo que la Cruz Roja en México.

“Es como una bola de nieve. La recomendación de cada persona que la ve, suma y suma. Es como en el Festival de Downspirng, la primera proyección que tuvimos en un cine de 200 gentes fueron 100. Luego, después en un cine de mil estaba lleno. Y cuando pregunté quién había ido por recomendación, tres cuartas partes del cine levantaron la mano”.

Según confiesa Mandoki, en una entrevista realizada en Puerto Vallarta gracias al apoyo del Hotel Marriott Casa Magna Puerto Vallarta y a Mexicana de Aviación, que trasladaron a este tecleador hasta allá (y lo trataron de lo lindo en un lugar precioso para pasar unas vacaciones), él ha quedado contento por cómo ha sido tratado en México luego de 16 años sin filmar en el país.

-¿Qué te motivó hacer Voces Inocentes?
Una llamada de Alfonso Cuarón en la que me dijo: ‘Oye cabrón, ya déjate de mamadas’. Bueno, yo quería dirigir algo en español, la oportunidad se dio con un comercial y ahí un actor me dijo que tenía un guión. No se lo di a leer a nadie más, sino que lo agarré yo y supe que ahí estaba la película que buscaba. Era la historia del actor (Oscar Torres), la de un niño salvadoreño en medio de la guerra civil.

-¿Fue difícil hacer esta película, en cuanto a recursos, temática…?
Sí, no es la película obviamente fácil. Como director, encuentras un proyecto que te rompe la madre y dices: ‘lo voy a hacer’, y vas contra la fórmula. En este caso, Altavista Films se enamoró conmigo del proyecto y lo hicimos, pero la película fue difícil todo el tiempo, por la temática de los niños en la guerra. Todo el proceso fue fuerte y tuvo que ser así porque mi meta era alta y para lograrla, en cada escena, en cada música, en cada efecto, le tenía que poner todo. Fue una autoexigencia y una exigencia a todo mundo para lograr eso.

-¿Cómo prepararon a los niños?, ellos nunca han vivido una guerra…
De muchas maneras, por poner un ejemplo, Antonio, que es el amigo de ellos que lo recluta el ejército y regresa como soldado y los encuentra en el río y ya no es el mismo niño, sino que le lavaron el cerebro. Para prepararlo para esa escena, teníamos un asesor militar, un ex general del ejército y lo mandé a entrenar con él todas las mañanas, y lo llevaba. Fue crearle esa cosa para que el niño me la pudiera dar en pantalla. Había que llevarlos a vivir esas realidades para que la pudieran sentir.

-¿Cómo te sentiste al regresar a México a filmar?
Fue muy padre, aunque al principio fue como una readaptación porque allá (en Hollywood) se trabaja con un sistema más impersonal, más industrial. Cada quien hace su trabajo muy bien. Aquí lo que tienes es la pasión de la gente, donde todo mundo siente tu compromiso como director, se contagia y le entra contigo. Eso no se pide con dinero.

-¿Cómo te ha cambiado Hollywood?
Lo primero que hay que aclarar es que mi sueño nunca fue irme a Hollywood, mi sueño era hacer cine en México. En la época donde empecé a hacer cine, que fue a final del sexenio de Echeverría y el inicio del de López Portillo, no había posibilidades de hacer cine en México. Y me fui allá (a Hollywood) por sobrevivencia artística. Fue una adaptación: entender la cultura norteamericana para poder hacer cine, el lenguaje, todo. Mi sueño era volver a México. Ver esta película marca el que se cumpla un sueño, y se cumple de una manera muy bonita. La adaptación para volver a México no es tanta, es como regresar a tu cuna, a tus cuates, a un lenguaje que conoces aunque no lo practiques. Allá la adaptación nunca termina porque siempre estás aprendiendo otra forma de ser, otra cultura.

-Diriges a Leonor Varela, una actriz chilena que ha destacado a nivel internacional, de algún modo no te despegas de la fórmula de dirigir a estrellas, ¿lo haces para sentirte en ambiente?
No, a Leonor la escogimos porque creímos que iba a ser una buena mamá de Chava, simplemente. De hecho, ésta es la película en la que estoy rodeado de actores que no son súper estrellas, de las que aparecen en la mayoría de mis películas, lo cual fue muy refrescante. Aunque he tenido mucha suerte con las estrellas, siempre hay un elemento de ego que tienes que saber manejar.

-¿Te facilitó la vida?
De cierta forma, aunque en otras la dificultó. Trabajar con niños que nunca habían trabajado me la dificultó, fue un reto fuerte, pero sentí que tenía los elementos para lograrlo, y los resultados están en la pantalla.

-Hubo limitaciones en el presupuesto, ¿cómo consigues explotarlos a fondo?
Con mística, una mística de sentir que se puede, contagiar a tu equipo de lo mismo, de tal forma que le meten todo. Por ponerte un ejemplo, Chucho Durán, el que hizo los efectos, las explosiones, los balazos, el presupuesto que nos dio, porque le expliqué las circunstancias, fue de menos de la mitad de lo que hubiera sido. Dije: ‘Chucho, ¿pero si necesito más cosas?’ Y me dijo: ‘no se preocupe señor, para eso estamos. Esta película la hacemos porque va con nuestro corazón’. Y ya estando ahí, el señor le metía todo. Así como él, los eléctricos y el demás staff le metía lo mismo, entonces se logró una calidad muy especial donde lo que compensó al presupuesto, que aunque fue alto para México, fue bajo para lo que era la producción de una guerra con niños.

-¿Con quién de los actores que te ha tocado dirigir de Hollywood has logrado mantener una buena relación?
Digamos con los que sigo en contacto es con Susan Sarandon, Meg Ryan, Andy García, Paul Newman, Jennifer López, pues casi con todos.

* Javier Pérez es periodista cinematográfico
j_pemar@yahoo.com

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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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