EN CARTELERA

MADEINUSA
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
En lo personal, nunca me he sentido atraído hacia el cine pro-indigenista. O, para ser más precisos, por el cine que presupone la pureza de las culturas indígenas y que, por lo mismo, éstas tienen que ser respetadas “a fortiori”. En este sentido, me considero un auténtico juarista decimonónico: creo que una de las formas para paliar el atraso de las comunidades nativas de nuestros países es integrando a la sociedad a los indios, a través de la educación (castellanización, la llamaron en la época de Juárez) y de su inclusión justa en los procesos productivos. No se trata, aclaro, de imponer a fuerzas un modo de vida, pero sí de entablar un diálogo cultural que esté abierto, de las dos partes, a la crítica de costumbres e ideas.

 Por lo mismo, cuando se estrenó, hace algunos años, La Leyenda de las Ballenas (Caro, 2002), ubicada entre los maorí neocelandeses, fui uno de los pocos críticos de cine que despotricó en contra de tal cinta: ¿cómo era posible que todo mundo aplaudiera que el personaje infantil femenino arriesgara su vida sólo para seguir una peligrosa costumbre indígena y ganarse, de paso, el respeto de su machista abuelo pedorro? Nunca entendí porqué le gustó a tanta gente un discurso tan claramente conservador y anti-feminista.

 Recuerdo también que, hace algunos años, presentando el clásico nacional María Candelaria (Fernández, 1944) en un ciclo de cine, una señora me reclamó airada el porqué de mis dichos ofensivos sobre la cinta del “Indio” Fernández. Al terminar la cinta yo había comentado que la belleza de las imágenes lograda por la cámara de Gabriel Figueroa seguía siendo irrebatible, pero que la trama de la película era todo, menos pro-indigenista. Si se recuerda, en María Candelaria, lo que provoca la tragedia es la ignorancia, la crueldad y la mezquindad no del pintor criollo –un hombre, bienintencionado y despistado- sino de los propios indios de Xochimilco, que terminan apedreando a Dolores del Río. ¿Cuál filme pro-indigenista, comenté?: el “Indio” Fernández propuso, en María Candelaria, que los indios eran peligrosos, ignorantes, manipulables y rencorosos. Y ni siquiera lo hizo como una forma de crítica, sino como mero telón de fondo para un sublime y trágico melodrama.

 En fin. Todo este laaaargo rollazo cinefìlico-ideológico tiene sentido. Espero. Sucede que desde hace varios meses se ha estado exhibiendo en territorio nacional una de las más interesantes y provocadoras películas que veremos este año en el país. Se trata de Madeinusa (España-Perú, 2006), opera prima de la catalana Claudia Llosa, cinta presentada a concurso en Sundance 2006.

 El pequeño pueblo de Manayaycuna, en algún sitio remoto en el Perú. Un “gringo” –en realidad es limeño, pero para los indígenas de Manayaycuna todo “güerito” es “gringo”-  llega a ese lugar olvidado para quedarse un par de días mientras el camino queda transitable para ir a otro pueblo minero en donde va a ir a trabajar. El muchacho, Salvador (Carlos de la Torre), arriba el viernes de la Semana Santa (o del “Tiempo Santo”, como le llaman los indígenas), cuando va a ser crucificado Jesucristo. Detenido por los indios que no quieren ver a ningún “gringo” con cámara en mano deambulando por ahí en el “tiempo santo”, Salvador es “cuidado” por el alcalde del pueblito, Don Cayo (Juan Ubaldo Huamán), quien lo encierra en algún cuartucho mientras pasa la fiesta. Ahí lo ve la hija mayor de Don Cayo, Madeinusa (Magali Solier, notable), quien acaba de ser coronada como la “Santa Virgen”, para molestia de su rencorosa hermana menor Chale (Yiliana Chong).

 Muy pronto el “gringo” limeño se dará cuenta que la celebración de “tiempo santo” tiene poco de ortodoxia católica. Sin sacerdote a la vista, la conmemoración de la muerte de Cristo más bien parece una pachanga orgiástica derivada de las siniestras festividades paganas del thriller clásico The Wicker Man (Hardy, 1973): como Jesús está muerto desde el viernes y resucita hasta el domingo, en ese fin de semana todo está permitido y nada es pecado. Ni siquiera desvirgar a su propia hija, que es lo que desea hacer Don Cayo con Madeinusa (y el año próximo, uno supone, con Chale). La presencia de Salvador alterará los planes de todos.

 Aquí regreso al cuestionamiento que hacía del cine indigenista en los primeros párrafos. A diferencia de La Leyenda de las Ballenas y María Candelaria, en Madeinusa, sí hay una visión explícitamente crítica de los comportamientos culturales que estamos presenciando en la pantalla. Y la crítica no está dirigida solamente a los indígenas, sino también al criollo que ha llegado a Manayaycuna de pura casualidad, pero que nunca es inocente y que, por lo mismo, tiene mucha culpa de lo que le pasa.

 El filme de la debutante Llosa –escrito por ella misma, por cierto- no cae nunca en el discurso fatalista en el cual la inevitable tragedia melodramática sucede debido a las centenarias e inalterables tradiciones del Perú profundo. Al contrario, los asesinatos que atestiguamos –uno sucede fuera de cuadro, en una abrupta y demandante elipsis- se deben más bien a venganzas ejecutadas fríamente y a unas dinámicas de poder que las víctimas ya no pueden controlar.

 De hecho, en el cruel desenlace de guillotina, vemos aparecer a una Madeinusa que ha ganado su libertad radicalmente. Como si fuera una anti-heroína de algún clásico film-noir americano. Sin mirar hacia atrás y sin remordimientos.

 ¿El mejor antídoto para un cine indigenista/paternalista?: la puesta en evidencia de los resortes de poder social/familiar/sexual, presentes en todas partes, entre indios, criollos, mestizos…


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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