CINE NACIONAL

ALEX LORA: ESCLAVO DEL ROCANROL
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
No es que el rock me disguste, pero no es mi música preferida. A mí me gusta Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Frank Sinatra, Serrat y el blues. Me pasan Sabina o Miguel Ríos, pero a ratos. No niego que me gustan Café Tacvba, Molotov y hasta alguna canción de Natalia Lafourcade, pero nunca he comprado un disco de rock nacional. Dicho de otra manera y por si no quedó claro: no soy roquero, nunca lo he sido y la única rola que me gusta de El Tri (Metro Balderas) la compuso Rockdrigo, “el profeta del Nopal” y no el señor Alex Lora.

 Todo esto viene a cuento porque, la verdad sea dicha, no entré al cine con muy buena disposición a ver Alex Lora: Esclavo del Rocanrol (México, 2002), un laaaaaargometraje documental que no tiene mayor gracia que mostrar al maese Lora con “la banda” en distintas ciudades, en distintos conciertos, en distintas estaciones de radio, pero SIEMPRE haciendo lo mismo: echando relajo, levantado el dedo medio, insultando al público, recibiendo insultos, contando chistes léperos más o menos graciosos, pedorreándose frente a la cámara y, por supuesto, cantando las rolas que a todo mundo le gustan –menos a mí, supongo.

 ¿Puede alguien encontrar interesante una documental sobre rock cuando este género musical no es su preferido? Estoy seguro que sí: yo no sabía quien era el dibujante Robert Crumb, por ejemplo (y tampoco soy fan de los cómics) y, sin embargo, Crumb (Zwigoff, 1994), el documental, me pareció una fascinante exploración de un artista y sus demonios. Tampoco soy un gran conocedor de box pero When We Were Kings (Gast, 96), el extraordinario recuento de la pelea Alí-Foreman me sigue pareciendo uno de los más grandes documentales de la última década. En contraste, Alex Lora: Esclavo del Rocanrol, no explora nada: muestra la devoción de la banda chilanga (y de otras partes del país y del mundo) por la música del Tri, nos enseña el lado humano de Lora (las escenas con discapacitados y niños sidosos), somos testigos de la admiración que le tienen todos los locutores habidos y por haber (de Origel a César Costa pasando por Pedro Ferriz el viejo), nos recuerda el sincero guadalupanismo de Alex y hasta vemos cómo develan una estatua de él en Guadalajara. Cómo lo quieren, me cae. ¿Pero quién es Lora y su público? ¿Por qué es importante él y su música en el contexto del rock nacional –o chilango, en todo caso? Sepa la bola.

 Lo que queda claro del documental dirigido por Luis Kelly es que Lora es un santón para todos aquellos que lo rodean, que no hay nadie como él, que es toda una institución, que tres generaciones de mexicanos lo idolatran y, finalmente, que si alguna vez el Tri representó algo irreverente y fresco, eso sucedió hace muchos, muchos, PERO MUCHOS años…
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 Por cierto, este documental lo vi en Guadalajara, en la XVIII Muestra de Cine Mexicano, con todo y concierto final de Lora en el Hard Rock Café y  frente a un grupo de incondicionales fans que celebraban cada chiste del líder del Tri y que aplaudieron a rabiar su radical –y originalísima propuesta—de que Bush y Saddam debían arreglar sus broncas echándose un tirito en una isla desierta. Como dijera Serrat: debe haber gente pa’ todo.


CINE NACIONAL
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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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