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ADIOS A LENIN


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Pasó como exhalación por la cartelera nacional y se exhibe de vez en cuando en la televisión de cable, pero si no la ha visto, le recomiendo que la revise en un buen DVD de Región 1. Me refiero al melodrama satírico Adiós a Lenin (Goodbye, Lenin!, Alemania, 2003), una cinta que fue un impresionante éxito comercial en Alemania. El disco es, técnicamente hablando, impecable (widescreen y sonido 5.1), además que ofrece una buena cantidad de extras: comentarios del director y el reparto, escenas borradas, un detrás de las cámaras, trailer original y alguna otra pedacería.

 El disco importado representa una oportunidad de oro para revisar con mayor cuidado el cuarto largometraje dirigido por Wolfgang Becker, cuya obra –hasta donde sé—permanece inédita en México, incluyendo su anterior comedia Life is All You Get (1997), escrita con el talentoso cineasta germano Tom Tykwer (Corre, Lola, Corre/1988, La Princesa y el Guerrero/2000, En el Cielo/2002).

 Berlín del este, 1989. La devota madre comunista Christiane (Katrin Sass, magnífica) queda en estado de coma después de ver cómo la policía golpea a su rebelde hijo Alex (Daniel Brühl) en cierta manifestación callejera. La señora despierta 8 meses después, cuando el muro ha sido derruido y la Alemania Democrática está a punto de fusionarse con la Alemania Federal capitalista. Como quieren evitarle a Christiane el “shock” de ver su mundo comunista derrotado, Alex y su hermana Ariane (Maria Simon) montan un imposible tinglado que muestra a la Alemania Democrática venciendo a la “corrupta sociedad consumista de Occidente”.

 Adiós a Lenin inicia como una comedia de costumbres que apenas si llega a rozar la crueldad de la sátira para convertirse, en el trayecto, en un emotivo melodrama familiar en donde un amoroso hijo construye un mundo fantástico para consumo exclusivo de su señora madre. La Alemania comunista creada por Alex es, al final de cuentas, un país que nunca existió: la tierra en donde él, su hermana y su mamá pueden ser felices para siempre.

 Aunque la película es, para mi gusto, un poco larga y hacia su mitad algo repetitiva –el chiste del noticiero falso se agota rápidamente—, no cabe duda que Adiós a Lenin termina siendo mucho más que una ocurrente sátira histórica: es un canto de amor hacia la madre (¿patria?), esa por la que podemos/debemos sacrificar (casi) todo.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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