EN CARTELERA

LOS LADRONES VIEJOS: LAS LEYENDAS DEL ARTEGIO
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
En La Canción del Pulque (2002), Everardo González había dirigido su interés hacia una tradición casi extinguida: la ingesta del prehispánico tlachicotón. En su segundo largometraje documental, el egresado del CCC nos descubre un mundo igual de desconocido –para las mojigatas clases medias, por lo menos-: el de los ladrones “de antes”, un puñado de “artistas” del engaño, la transa, la prestidigitación y el “artegio”
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Los Ladrones Viejos: Las Leyendas del Artegio (México, 2007) -vista por un servidor en Guadalajara 2007, luego exhibida en Ambulante 2008 y programada a estrenarse comercialmente a partir del viernes 15 de febrero- es una fascinante travesía por el universo de un grupo de ancianos ladrones que, confiesan, hacían su “trabajo” por gusto, por emoción, por orgullo. Es cierto que alguno se justifica diciendo haber sufrido hambres y privaciones (“nunca supe lo que era un cumpleaños”), pero ese mismo luego afirma abiertamente que ha vivido como ha querido, sin disculparse de nada, aceptando existencialmente que lo bueno y lo malo que ha tenido se debe a las decisiones que ha tomado.

 González echa mano con sentido del humor, con dramatismo, con inteligencia, de innumerables imágenes documentales, fílmicas y televisivas, además de una magnífica banda sonora (Luis Alcaraz, Los Ángeles Negros, Pérez Prado et al) y las intercala con maestría con las entrevistas a las auténticas estrellas de su película: los viejos ladrones Jorge Calva “el Fantomas”, Arcadio Ocampo “el Xochi”, Raymundo Moreno “el burrero” y la leyenda viviente Efraín Alcáraz “el Carrizos”, un articuladísimo zorrero (es decir, ladrón de casas) que “trabajó” siempre con una regla inviolable: nunca usar la violencia.

 La mirada de González es, sin duda, complaciente –como lo fue en La Canción del Pulque-, pero esto no es un defecto sino una posición moral, justiciera y, finalmente, política. Cuando nos enteramos que “el Carrizos” llegó a robar la casa de Echeverría (“le tuve que regresar todo”) o en la celebérrima Colina del Perro (“me robé todo: centenarios, joyas, dólares, y no le regresé nada”), una franca sonrisa aparece en nuestro rostro. Y es que, como el mismo "Carrizos" dice en una entrevista televisiva: “Yo no soy ratero, soy ladrón”. Es cierto: los rateros salen de Harvard, tienen hijastros incómodos, (dizque) escriben libros en inglés, atracan elecciones... Usted los conoce. Usted sabe quiénes son.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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